No hay sujeto histórico sin contradicciones
Toda gran transformación nace con preguntas incómodas. El Solarismo no es la excepción, ni tiene por qué serlo. De hecho, su mayor fortaleza puede ser precisamente esa: reconocer sus propias tensiones y convertirlas en motor de crecimiento, no en excusa para la parálisis.
La pregunta no es si el Solarista es un sujeto perfecto, sino si es un sujeto posible. Y todo indica que sí.
La tensión entre convicción y mesianismo
Es cierto: hablar de un "sujeto del devenir" puede sonar a vanguardia iluminada. Pero también es cierto que sin convicción no hay movimiento. La diferencia entre una fe constructiva y un mesianismo peligroso está en una cosa: la humildad para aprender de los errores.
El Solarista no es infalible. No tiene todas las respuestas. No salvará al mundo solo. Pero sí puede ser parte de una red amplia, diversa y autocrítica que empuja en la misma dirección. Eso no es mesianismo. Eso es compromiso sin soberbia.
La tensión entre el sol gratis y los paneles sólares que aun no lo son
El sol es de todos, es cierto. Pero los paneles, las baterías y los minerales no lo son. Esta contradicción no invalida el Solarismo: lo vuelve más honesto y más interesante.
El Solarista no puede negar que el litio se extrae en el Salar de Atacama o que el cobalto tiene una historia en el Congo. Pero precisamente por eso, el Solarista tiene un papel ético fundamental: exigir cadenas de suministro justas, promover la economía circular y luchar por que la tecnología solar no repita los patrones del colonialismo energético.
No es un problema insoluble. Es un desafío que el Solarista puede ayudar a resolver, no a ignorar.
El Solarismo entiende que las transiciones son impuras por definición. Nadie cambia de un día para el otro. Una comunidad que instala su primer sistema híbrido ya está dando un paso, aunque no sea el paso definitivo.
El Solarista no juzga la pureza. Celebra el avance. Y construye alianzas con quienes hoy queman gasolina pero mañana podrían estar instalando paneles.
La tensión entre lírica y poder real
La poesía del sol es hermosa. Pero sin organización política, sin marcos legales, sin financiamiento accesible y sin voluntad colectiva, se queda en palabras bonitas.
Aquí el optimismo es más fuerte que la crítica. Porque el Solarismo ya está generando poder real en miles de comunidades: cooperativas energéticas en Alemania, techos solares en barrios de Brasil, escuelas rurales iluminadas por paneles en Colombia. Eso no es lírica. Eso es infraestructura. Eso es poder.
El desafío no es abandonar la poesía, sino convertirla en expedientes, en leyes, en presupuestos participativos y en redes de intercambio. Y eso ya está ocurriendo.
El optimismo de la voluntad
El gramático italiano Antonio Gramsci escribió una frase que el Solarismo puede hacer suya: "Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad".
Reconocer las tensiones –el mesianismo posible, el extractivismo tecnológico, el puritanismo sectario, la distancia entre las palabras y los hechos– no es debilidad. Es inteligencia. Pero quedarse en la crítica es parálisis.
El optimismo de la voluntad consiste en decir: sí, hay problemas. Y los enfrentamos juntos. Sí, la tecnología solar tiene contradicciones. Y trabajamos para resolverlas. Sí, el camino es impuro y lleno de alianzas incómodas. Y aún así, avanzamos.
Un sujeto en construcción es un sujeto vivo
El Solarista no nace terminado. No baja de una montaña con tablas de piedra. Se hace, se equivoca, aprende, corrige, se encuentra con otros, discute, abraza, transforma.
Un sujeto en construcción es mucho más fuerte que un sujeto perfecto. Porque los perfectos se rompen ante la primera contradicción real. Los que se construyen día a día, en cambio, se vuelven resistentes como el sol que los inspira: capaces de brillar cada mañana sin importar lo que pasó la noche anterior.
El devenir de la humanidad no necesita salvadores. Necesita constructores humildes pero tenaces. Necesita Solaristas que sepan que el camino es largo, que las tensiones son muchas, y que aún así –quizás por eso mismo– vale la pena caminarlo.
Un paso después de otro. Un panel después de otro. Una conciencia después de otra.
Ese es el optimismo realista del Solarismo. Y ese es su verdadero poder.
Lubio Lenin Cardozo


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