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miércoles, 14 de octubre de 2026

Solarismo: a nueva energía, nueva sociedad

 


Hay una idea que la historia nos ha enseñado y que hemos olvidado. Las sociedades humanas siempre se han organizado en función del tipo de energía que explotan y producen.

Cuando vivíamos del fuego del bosque, nos organizamos en tribus nómadas. Cuando aprendimos a explotar la energía del suelo y del animal domesticado, nos organizamos en aldeas y en feudos. Cuando explotamos la energía concentrada del carbón, nos organizamos en fábricas, en obreros y en patrones. Cuando pasamos al petróleo, esa energía aún más concentrada y que había que traer de lejos, nos organizamos en imperios, en oleoductos y en guerras por el Golfo, en consumidores que dependen de una factura que viene de otro continente.

Cada energía dibuja una sociedad. Cada energía dibuja una geometría del poder.

Y ahí es donde estamos fallando ahora.

Nos dicen que estamos cambiando de energía, que pasamos al sol y al litio, pero queremos mantener la misma organización social que nos dio el petróleo. Queremos ponerle sol a la geometría del carbón. Pocas manos que extraen lejos, en el Sur Global, pocas fábricas que transforman, y millones de manos que pagan cada mes sin poder tocar un tornillo de lo que supuestamente es suyo. Le cambiamos el combustible al mismo motor de dominación.

Por eso propongo una tesis para nombrar este momento. La llamo solarismo.

No se trata de poner paneles solares. Eso lo hace cualquier empresa. Se trata de entender que si cambiamos de energía, tenemos que cambiar radicalmente de organización. No por capricho ideológico, sino por coherencia histórica. Una energía distribuida como el sol no puede ser gobernada por una geometría concentrada como la del petróleo. Si lo intentamos, lo que tendremos no será una transición, será un extractivismo pintado de verde.

Esta propuesta mira entonces la geometría.

Hay dos geometrías posibles para vivir en este planeta y ya están en conflicto entre nosotros.

Una es concentrada. Concentra la tierra, concentra las minas, concentra las fábricas, concentra el dinero y concentra el poder. Necesita que seamos consumidores dependientes. Esa geometría, cuando la Tierra ya no le alcanza, tiene un sueño muy lógico y muy peligroso. Si esta casa se agota, nos vamos a otra. Por eso hoy hay multimillonarios que hablan abiertamente de colonizar Marte, de construir cúpulas con aire acondicionado en otro planeta mientras este se quema. A esa forma de pensar, a ese proyecto de huida, le llamo los Neomarcianos. No es ciencia ficción. Es el nombre que le pongo a la tentación más vieja del extractivismo: cuando se acaba un territorio, se abandona y se busca otro.

La otra geometría es distribuida. Distribuye la tierra, distribuye la herramienta, distribuye el conocimiento para reparar, distribuye el poder de decidir. No sueña con huir. Sueña con quedarse a reparar la casa. A esa gente que entiende que defender la Tierra es la única forma de tener futuro, le llamo los Solarianos. Es el nombre común para lo que en mis libros llamo Homo Solaris. No es un superhéroe. Es el vecino que repara su balcón solar con un destornillador común, la vecina que comparte la electricidad de su techo con el edificio, el taller del barrio que enseña a soldar.

Esta mirada se reconoce en algo muy concreto: en el tornillo.

Cuando te vendan una solución verde, pregunta de quién es el tornillo que lo cierra. Si necesitas una llave especial, una app de la empresa, un técnico certificado que viene de lejos y si lo abres pierdes la garantía, eso es geometría concentrada. Es el viejo mundo del petróleo con paneles nuevos.

Si el tornillo lo encuentras en la ferretería de la esquina, si lo puedes abrir, entender, reparar y compartir con otros, eso es geometría distribuida. Eso es un común. Eso sí es una nueva organización acorde a una nueva energía.

Y cuando esa nueva organización se vuelve vida cotidiana, pasa algo que ninguna revolución energética anterior nos dio. Nos devuelve tiempo.

Si una parte de mi energía ya no tengo que comprarla cada día porque la capto, la reparo y la comparto con mi comunidad, ya no tengo que vender ocho horas de mi vida cada día para pagarla. Ese tiempo que queda libre no es para consumir más. Es para lo que nos hace humanos: cuidar, organizarse, descansar, imaginar. A eso le llamo Tiempo Liberado y lo escribo como una fórmula para no olvidarlo: Tiempo Liberado es igual a Energía por Libertad.

Por eso esta tesis no es una propuesta técnica. Es una propuesta de civilización que entiende la lección más vieja de la historia: a nueva energía, nueva sociedad.

No propone consumir energía verde en vez de energía sucia. Propone elegir entre dos futuros que ya están aquí. El futuro de los Neomarcianos, que es seguir con la geometría concentrada hasta tener que huir de la Tierra, y el futuro de los Solarianos, que es cambiar de geometría a tiempo para poder quedarnos.

La próxima revolución no será la que nos lleve a Marte. Será la que nos permita quedarnos.

Esa es la tesis que estoy desarrollando. Se llama solarismo. Y no es mía. Ya está pasando en miles de balcones, talleres y tejados que nadie filma. Yo solo le puse nombre.

Lubio Lenin Cardozo

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