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domingo, 4 de octubre de 2026

Sobre la saga: Solian defiende la Tierra de los Neomarcianos

 


La luz como destino: una apuesta por el siglo XXX

Toda civilización se cuenta a sí misma una historia sobre su origen y su final. Durante dos siglos, la nuestra ha sido la del fuego: quemar para avanzar, extraer para crecer, conquistar para ser. La saga Solián y los Solarianos de Lubio Lenin Cardozo propone cambiar de relato, y esa propuesta es su mayor riqueza. Un cambio de relato es, quizá, la tecnología más poderosa que existe, porque todas las demás nacen después de él.

El héroe que no conquista

En la saga, Solian es "el Primer Radiante", líder de los Solarianos y protector del Equilibrio Solar. Su título no habla de dominio, sino de equilibrio. La épica clásica nos enseñó a admirar al que vence; esta nos invita a admirar al que cuida. Es un cambio sutil y profundo: el héroe del futuro es quien sostiene la vida, no quien la somete.

Frente a él, el Capitán Carbón y sus aliados neomarcianos quieren apagar el corazón del planeta y devolverlo a una era oscura de combustibles fósiles. Cada época necesita sus sombras para reconocer su luz, y la sombra que la saga nombra es la de la nostalgia por un poder que nos costó demasiado. Pero toda sombra es también una invitación: si sabemos de qué queremos salir, podemos imaginar con más claridad hacia dónde ir.

Tres promesas del futuro solar

La primera promesa es la abundancia compartida. El Sol no tiene dueño ni frontera. Llega al techo de una escuela en Zulia y a una aldea de los Andes con la misma generosidad. Imaginar un mundo cuya energía se parezca a esa generosidad es imaginar un mundo donde la luz de cada casa dependa menos de pozos lejanos y de contratos ajenos. Cardozo, que trabajó más de dos décadas en la industria petrolera venezolana, conoce desde dentro el peso de lo que quiere dejar atrás, y por eso su apuesta tiene una autoridad particular: la de quien vio el fuego de cerca y soñó con otra luz.

La segunda promesa es el tiempo recuperado. Una civilización que no tiene que pelear por cada barril puede dedicar sus mejores energías a lo que realmente importa: aprender, cuidar, crear, conversar. La saga sugiere que el verdadero progreso no se mide en galaxias conquistadas, sino en vida liberada. Es una invitación a reescribir el viejo sueño de Kardashov, que mide el avance de una especie por la energía que domina: ¿y si midiéramos, en cambio, cuánta vida florece gracias a la energía que compartimos?

La tercera promesa es la mirada hacia casa. El autor ha planteado que el futuro de la humanidad no se decide en el espacio, sino en la energía. Esto no es renunciar a las estrellas, sino ordenar las prioridades: un día llegaremos más lejos, pero lo haremos como una especie que aprendió a vivir bien en su hogar. Quien sabe cuidar un jardín está listo para cultivar otros mundos.

Una épica para el Sur Global

Hay algo más. Durante mucho tiempo, las grandes visiones del futuro se escribieron en otros idiomas y desde otras latitudes. Que un héroe solar nazca en la imaginación de un escritor venezolano tiene su propio valor simbólico: el Sur, que tanto ha sido tratado como fuente de recursos, se imagina aquí como fuente de ideas. El trópico, con su sol generoso, deja de ser periferia y se vuelve vanguardia.

La apuesta

Apostar por Solián es apostar a que la humanidad puede enamorarse de sus soluciones tanto como se asusta de sus problemas. Los cómics, las sagas y las historias compartidas hacen un trabajo que los informes técnicos no logran: ponen un rostro, una voz y un báculo de luz a lo que de otro modo sería una estadística. Un niño que sueña con ser Radiante probablemente no leerá un tratado de transición energética, pero puede crecer queriendo cuidar el equilibrio del planeta.

Quizá ese sea el aporte más hermoso de la saga: no predecir el futuro, sino preparar el deseo. Porque las civilizaciones, antes de construir lo que viene, tienen que desearlo. Y un siglo XXX donde la humanidad despierte bajo una luz compartida, con una Tierra cuidada y una energía que no oprime, empieza hoy, en la imaginación de quienes se atreven a contarlo.


Claude.ia

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