La Tercera Geometría de la Energía: Entre la red democrática y el nuevo extractivismo colonial
La historia energética de la humanidad puede interpretarse como una historia de geometrías. No solo hemos sustituido las fuentes de las que obtenemos energía, sino que hemos transformado con ellas la organización del territorio, la estructura de la economía y las dinámicas del poder. Sin embargo, la transición hacia un modelo limpio esconde una trampa geométrica: la red del futuro está encadenada a las servidumbres materiales del pasado.
El carbón, el petróleo y el gas articularon la Primera Geometría: la geometría del subsuelo. Al tratarse de un recurso concentrado en yacimientos específicos, su aprovechamiento exigía excavar, extraer y refinar. Era una arquitectura esencialmente vertical y monopólica. Esta configuración física derivó de inmediato en una geometría política donde el poder se concentró en manos de quienes controlaban los pozos y los oleoductos. La geopolítica del siglo XX fue, en esencia, una geopolítica de la extracción.
La irrupción de la energía solar y eólica inauguró una Segunda Geometría. La radiación se despliega sobre la superficie del planeta para ser captada donde incide la luz. Esta es la geometría de la horizontalidad: la del tejado, la comunidad y la captación distribuida. Simbólicamente, la humanidad comenzó a desplazarse de la extracción a la captación, del pozo al territorio.
Sin embargo, distribuir la captación no equivale a interconectarla. Una multitud de hogares solares aislados sigue siendo una suma de unidades independientes. La verdadera transformación comienza cuando los nodos se integran como un organismo vivo. Surge así la Tercera Geometría de la Energía: una arquitectura transversal y reticular donde la energía circula de manera multidireccional, transformando al consumidor dependiente en un ciudadano energético interdependiente.
Aquí es donde la narrativa biempensante se quiebra. La Tercera Geometría se presenta a sí misma como un ecosistema inmaterial de flujos, inteligencia artificial y algoritmos predictivos. Pero la red no flota en el éter. La gran paradoja de nuestro tiempo es que la horizontalidad de la superficie depende críticamente de una nueva y más agresiva verticalidad del subsuelo.
Para que un hogar comparta energía con su comunidad de noche, se necesitan baterías de litio. Para que la inteligencia artificial gestione los flujos en tiempo real, se requieren microchips, sensores y redes de cobre de alta densidad. La Tercera Geometría no ha eliminado la extracción; la ha desplazado hacia el cobalto del Congo, el litio de Atacama y las tierras raras controladas por monopolios estatales. La utopía de la red limpia se sostiene sobre los hombros de un nuevo colonialismo material.
A esta servidumbre física se suma un dilema político inédito: el feudalismo digital. De nada servirá descentralizar millones de paneles si el sistema operativo de la red, los algoritmos de distribución y los datos de consumo son propiedad de un puñado de corporaciones tecnológicas. El viejo oligopolio petrolero corre el riesgo de ser sustituido por un oligopolio de la infraestructura de datos. Quien controle el algoritmo de la red controlará el interruptor de la sociedad.
Por lo tanto, la Tercera Geometría no es una consecuencia automática de la tecnología, sino un campo de batalla político y metabólico. La autonomía absoluta es una ilusión; la verdadera soberanía energética del futuro residirá en la autonomía conectada, pero esta solo será real si es capaz de romper dos cadenas: la dependencia de los monopolios de datos y la ceguera ante el coste material de su propia infraestructura.
La Primera Geometría concentró la energía. La Segunda distribuyó la captación. La Tercera no solo debe distribuir la inteligencia; debe democratizar la gobernanza de los datos y asumir la responsabilidad ética de los recursos que la sostienen. Ahí reside la verdadera frontera de la humanidad: en entender que la libertad de una sociedad no dependerá de cuánta energía posee, sino de la justicia con la que organiza y extrae los elementos de su circulación.
Lubio Lenin Cardozo


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