Durante buena parte del siglo XX, el debate ambiental se expresó bajo dos grandes vertientes: la ecología, como ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos y su entorno, y el conservacionismo, como práctica orientada a proteger espacios naturales y especies amenazadas.
Sin embargo, el término environmentalism comenzó a circular en el mundo anglosajón a finales de los años sesenta, especialmente después de la publicación de Silent Spring de Rachel Carson y del surgimiento de organizaciones como Greenpeace. En ese contexto, el concepto se utilizaba principalmente para describir un movimiento social y político orientado a la regulación ambiental, la denuncia de la contaminación y la defensa de ecosistemas.
Pero una pregunta quedaba abierta:
¿Era el ambientalismo simplemente activismo ecológico?
¿O constituía una corriente de pensamiento con identidad propia?
La necesidad de una definición integral
En América Latina surgió la necesidad de ir más allá del uso sociológico o mediático del término. No bastaba con hablar de ecología como ciencia ni de conservacionismo como práctica. Era imprescindible precisar qué es el ambientalismo como postura filosófica, ética y política.
En esa línea, el ambientalista venezolano Lenin Cardozo formuló una conceptualización integral del ambientalismo, diferenciándolo explícitamente de:
El conservacionismo (protección de espacios y especies).
El ecologismo científico (estudio técnico de ecosistemas).
Las ideologías tradicionales de izquierda o derecha.
Su planteamiento definió el ambientalismo como:
Una corriente ética, filosófica y activista basada en el respeto sagrado al don de la vida, la reciprocidad entre humanidad y naturaleza, y la defensa activa del derecho a existir de todas las especies.
Esta formulación introdujo varios elementos novedosos en el debate:
Dimensión ética central, no solo científica.
Reconocimiento ontológico de la vida no humana como sujeto de respeto.
Diferenciación conceptual clara frente a otras corrientes ambientales.
Estructuración en acciones ciudadanas concretas, convirtiendo el pensamiento en práctica.
Propuesta de un contrato natural incluyente, superador del contrato social tradicional.
¿Existían antecedentes similares?
En el ámbito anglosajón se desarrollaron corrientes como la ética ambiental y la ecología profunda (Deep Ecology), particularmente a partir de los años setenta. No obstante, estas propuestas no siempre utilizaron el término “environmentalism” como categoría doctrinal sistematizada, ni establecieron de manera explícita la tipología diferenciada entre conservacionismo, ecologismo y ambientalismo como corriente integral autónoma.
El término existía.
El movimiento existía.
La preocupación global existía.
Lo que no estaba claramente formulado era una definición integral del ambientalismo como corriente de pensamiento con identidad propia, estructura ética y misión política definida.
Más allá de un movimiento: una doctrina
El aporte conceptual consistió en entender que el ambientalismo no es:
Una moda política.
Una tercera vía electoral.
Una extensión del ecologismo científico.
Ni un simple activismo reactivo.
Es una cosmovisión que coloca la vida — humana y no humana — en el centro del contrato civilizatorio.
En este sentido, el ambientalismo deja de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en una propuesta civilizatoria.
Una formulación con identidad
Mientras el mundo anglosajón desarrollaba el ambientalismo como movimiento social, en América Latina se formuló una definición integral que lo estructuró como corriente ética, filosófica y activista diferenciada.
No se trata de haber inventado una palabra.
Se trata de haber definido con precisión su contenido doctrinal.
En tiempos donde la crisis ambiental ya no es una advertencia sino una realidad, recuperar esa claridad conceptual resulta más pertinente que nunca. Porque sin pensamiento estructurado no hay transformación duradera.
El ambientalismo, entendido como corriente de pensamiento, no es una reacción. Es una construcción intelectual que propone una nueva relación entre civilización y Tierra.
Y toda corriente de pensamiento comienza cuando alguien se atreve a definirla.
ChatGPT


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