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jueves, 9 de abril de 2026

FORO FILOSÓFICO . El Faro y la Sombra: Necropolítica frente a la ética de la transparencia

 


Achille Mbembe (filósofo camerunés, autor de Necropolítica) vs Lubio Lenin Cardozo (proponente del Solarismo)

Moderador: Achille Mbembe nos ha enseña que la soberanía política moderna consiste no solo en "dejar vivir", sino en decidir quién puede morir. Su concepto de necropolítica describe un mundo donde ciertas vidas son desechables: en fronteras, periferias, campos de refugiados, territorios neocoloniales. Frente a esto, Lubio Lenin Cardozo propone el Solarismo: una ética de la luz, la transparencia y la comunidad regenerativa.

¿Puede una filosofía solar responder a la lógica de la muerte? 

¿O el propio Solarismo corre el riesgo de ser una nueva máscara del extractivismo luminoso? 

El debate comienza.

Ronda 1: Dos formas de ver el mundo

Mbembe:

La historia del capitalismo es una historia de saqueo. Primero fue la sangre, luego el petróleo, ahora el litio y el silicio. Usted, Cardozo, habla de energía solar como salvación. Pero permítame preguntarle: 

¿de dónde vienen los paneles solares? ¿Quién extrae el coltán en el Congo? ¿Quién muere en las minas de litio en Bolivia para que los ricos del Norte puedan irradiar 'transparencia'? 

El Sol no quema por igual. El faro que alumbra el puerto deja en la sombra a los que naufragan.

La necropolítica es esa capacidad de decidir qué vidas importan y cuáles son abandonadas a la muerte. Cuando usted propone una 'comunidad luminosa', yo le pregunto: 

¿quién queda fuera de esa comunidad? 

Porque toda luz proyecta una sombra. Y en esa sombra es donde el poder soberano sigue ejerciendo su vieja violencia.

Cardozo:

No ignoro el horror que usted describe. Pero el Solarismo no es ingeniería tecnológica; es una ética. Precisamente porque sabemos que el extractivismo mata, proponemos una transición que no repita esas lógicas. La energía solar no es inherentemente limpia si su cadena de producción es sucia. Por eso el Solarismo insiste en la transparencia total de las cadenas de suministro, en la justicia energética, en la descentralización que impide que unos pocos controlen el flujo de la luz.

Usted dice que el faro deja sombras. Pero el Solarismo no es un faro que ilumina desde arriba. Es un pueblo de pequeños soles descentralizados: techos solares comunitarios, cooperativas energéticas, redes locales que no necesitan de un soberano que decida quién vive. Si hay necropolítica hoy, es porque seguimos atados al carbono, al petróleo, a las dictaduras petroleras. La energía solar, bien gestionada, puede ser el fin de esa geopolítica de la muerte.


Ronda 2: ¿El Solarismo como nuevo extractivismo luminoso?

Mbembe:

Usted confía en la descentralización. Yo confío en el poder. El capitalismo es un camaleón: se viste de verde, de solar, de ético, y sigue extrayendo. Ya vimos cómo las tierras raras para paneles solares se extraen con trabajo infantil. Ya vimos cómo los residuos de paneles fotovoltaicos se exportan a vertederos africanos. Su 'transparencia' es una ilusión si no hay un poder global que regule con dureza. 

¿Y quién tiene ese poder? Los mismos de siempre.

El Solarismo suena hermoso en un coloquio en Canada o en una ONG en Berlín. Pero en el Sahel, donde el sol quema la tierra y los agricultores mueren por la sequía mientras las multinacionales instalan megaplantas solares para exportar energía a Europa, allí el Sol no es vida: es muerte lenta. Usted habla de 'ética de la luz'. Yo hablo de necrosolarismo: un sistema donde la energía del Sur alimenta el lujo del Norte, y los cuerpos del Sur siguen siendo desechables.

Cardozo:

Usted tiene razón en el diagnóstico, Cuando dice  que ya existen formas de 'extractivismo solar'. Pero el Solarismo no es eso. El Solarismo es, ante todo, una crítica radical de la acumulación. Por eso se propone:

· Tecnología abierta y local: paneles fabricados en los mismos territorios donde se instalan.

· Reparación histórica: que las primeras comunidades beneficiadas sean aquellas que sufrieron el extractivismo fósil.

· Derecho a la opacidad energética: cada comunidad decide cuánto y cómo comparte su excedente, sin obligación de integrarse en redes globales extractivas.

Usted ve el Sol y ve un nuevo colonialismo. Yo veo la posibilidad de romper ese colonialismo. El problema no es la luz: es quién controla los rayos. El Solarismo no es una tecnología; es una política de la luz. Y esa política debe ser antinecropolítica por definición.


Ronda 3: El caso del litio y el derecho a decir que no

Mbembe:

La historia me ha enseñado que las éticas sin ejércitos, sin aduanas, sin tribunales internacionales, son canciones de cuna. Mientras haya Estados que decidan quién vive y quién muere, su 'comunidad luminosa' será una isla rodeada de cadáveres.

¿Cómo impide el Solarismo que una dictadura instale paneles solares para vigilar mejor a sus ciudadanos?

 ¿Cómo evita que una corporación compre tierras en el desierto para acaparar la luz? 

La transparencia no es un escudo: es una promesa que los poderosos nunca cumplen.

Pongamos un caso real: el litio en el salar de Atacama. Las comunidades indígenas llevan años pidiendo que no se extraiga más litio, ni siquiera para 'energía limpia'. Dicen: 'La tierra es sagrada, el agua es vida, no queremos que nos conviertan en proveedores del coche eléctrico europeo'. 

¿Qué dice su Solarismo?

¿Extraemos litio con 'transparencia' y 'justicia'? 

¿O respetamos el derecho absoluto de esas comunidades a decir no, aunque eso retrase la transición energética global?

Cardozo:

El Solarismo dice: la primera luz es la que la comunidad decide encender. Si una comunidad dice no, es no. No hay transición energética que valga si se construye sobre el sacrificio de los más débiles. Eso sería repetir la necropolítica, no superarla.

Usted me pregunta cómo evitamos que el Solarismo sea cooptado. La respuesta es: democracia radical energética. No basta con paneles solares; hay que cambiar quién decide. 

El Solarismo propone:

· Fondos de reparación: cada vez que se instala un sistema solar en un territorio históricamente extractivista, una parte de la energía generada se destina a un fondo comunitario inembargable.

· Veto comunitario vinculante: ninguna megaplanta solar puede construirse sin el consentimiento libre, previo e informado de la población local.

· Tecnología para la autonomía: no para la exportación. El objetivo no es vender energía al Norte, sino que el Sur deje de depender del Norte.

Usted habla de necropolítica como si el Sol fuera neutral. No lo es. El Sol ya está del lado de los que menos tienen. Un campesino en el Sahel con un panel de cincuenta vatios puede cargar su teléfono, bombear agua, tener luz para estudiar. Eso no es necropolítica: es bio-política de la luz, la política de la vida. El problema es que hoy ese campesino no tiene el panel porque las multinacionales le han cerrado el acceso. El Solarismo lucha por abrirlo.

¿No es eso también una forma de resistir a la muerte?

Moderador: Mbembe nos ha recordado que ninguna tecnología es inocente y que el optimismo solarista puede convertirse en una nueva máscara del extractivismo si no va acompañado de una transformación radical del poder. Cardozo, por su parte, ha aceptado el desafío y ha esbozado un Solarismo que no es ingenuo: incluye reparación histórica, veto comunitario y una política explícitamente antinecropolítica.

Mbembe:

No le pido que abandone el Solarismo. Le pido que nunca olvide la sombra. Si su ética de la transparencia es capaz de mirar de frente las minas de coltán, los vertederos de paneles rotos en Ghana, las comunidades que dicen 'no queremos ser su faro', entonces quizás haya algo rescatable. Pero mantenga viva la sospecha, Cardozo. La historia nos ha enseñado que el entusiasmo luminoso suele terminar en sangre.

Cardozo:

El Solarismo no teme a la sombra. Por eso mismo habla de la luz. No hay luz verdadera sin la valentía de reconocer lo que oscurece. Usted me ha dado un regalo, Mbembe: me ha recordado que el Sol que quema no es el mismo que el Sol que nutre. Nuestra tarea es construir una filosofía y una práctica donde el Sol sea siempre del lado de la vida, nunca de la muerte. Por eso el Solarismo no es solo una ética: es una política de la luz contra la necropolítica. Y esa política recién comienza."

Moderador: Este diálogo quedará abierto. El Faro y la Sombra seguirán debatiéndose en cada territorio donde se instale un panel, en cada comunidad que decida si su sol es para vivir o para morir.

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