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viernes, 10 de abril de 2026

FORO FILOSÓFICO. La comunidad luminosa frente a la razón neoliberal

 


Participantes:

· Wendy Brown (filósofa política estadounidense, autora de El pueblo sin atributos y En las ruinas del neoliberalismo)

· Lubio Lenin Cardozo (proponente del Solarismo)

Moderador:  Wendy Brown ha demostrado que el neoliberalismo no es solo un conjunto de políticas de desregulación y privatización. Es una racionalidad —una forma de razonar, de subjetivar, de vivir— que convierte cada esfera de la existencia en un mercado, cada acción en una inversión, cada ser humano en un capital humano. Frente a ella, Lubio Lenin Cardozo defiende el Solarismo: una filosofía de la luz, la transparencia, la comunidad descentralizada y la cooperación luminosa.

 ¿Puede el Solarismo resistir la disolución neoliberal? 

¿O la lógica del capital acabará devorando también la promesa solar? 

El debate comienza.


Ronda 1: Dos diagnósticos del presente

Wendy Brown:

El neoliberalismo no es el retorno del liberalismo clásico. Es algo mucho más sutil y total: una racionalidad que extiende la lógica del mercado a todas las dimensiones de la vida. Ya no hay “fuera” del mercado. El amor, la crianza, la educación, la salud, la vejez, incluso la imaginación política —todo se vuelve capital humano, inversión, competencia.

Desarrolla su diagnóstico mirando de frente al Solarismo:

Usted, Cardozo, habla de “comunidad luminosa”. Pero el neoliberalismo ha destruido la comunidad como espacio de solidaridad incondicional. La ha transformado en “red de contactos”, en “capital social”, en “colaboración para la empleabilidad”. Su transparencia —tan querida por el Solarismo— puede ser fácilmente capturada por la lógica neoliberal: transparencia de datos, transparencia de rendimiento, transparencia como vigilancia. 

¿Su ética de la luz no es, acaso, el sueño húmedo de un gerente de recursos humanos que quiere trabajadores “comprometidos” pero no sindicalizados?

Cardozo:

Wendy, el Solarismo nace precisamente en un país —Venezuela— donde el neoliberalismo salvaje fue impuesto a sangre y fuego, y donde luego vimos cómo incluso las políticas supuestamente “anti-neoliberales” podían reproducir lógicas de competencia y exclusión. El Solarismo no es ingenuo frente al capital.

Cuando hablo de comunidad luminosa, no hablo de “red de contactos”. Hablo de vínculo gratuito —de dar sin esperar retorno, como da el Sol. El Solarismo se opone radicalmente a la lógica de la inversión. Un panel solar comunitario no se instala para que cada quien saque su rentabilidad; se instala para que todos tengan luz, y especialmente los que menos tienen. Eso es antineoliberal en su médula.

 ¿Puede el neoliberalismo cooptar esa lógica? 

Claro que lo intenta. Por eso el Solarismo no es solo una tecnología: es una pedagogía de la gratuidad y la reciprocidad no mercantil.


Ronda 2: La trampa de la transparencia y el individualismo

Brown:

Me gusta eso de “vínculo gratuito”. Pero déjeme preguntarle: 

¿Cómo se sostiene ese vínculo sin instituciones fuertes? 

Porque el neoliberalismo no solo mercantiliza; también desmantela el Estado —al menos el Estado que protege, regula y redistribuye. Lo reemplaza por la “responsabilidad individual”, la “resiliencia”, el “empoderamiento”. 

¿Su Solarismo no corre el riesgo de caer en ese mismo lenguaje? 

Usted habla de “comunidad descentralizada”, de “pequeños soles”. Pero sin un Estado que garantice que nadie quede fuera, la descentralización puede significar simplemente que los ricos tienen sus paneles y los pobres siguen a oscuras.»

Pone un ejemplo concreto:

Piense en los programas de “energía comunitaria” en Estados Unidos. Suenan hermosos. Pero a menudo terminan siendo cooperativas donde los vecinos con ingresos medios se asocian, mientras los más pobres no pueden pagar la cuota inicial. Eso no es anti-neoliberal: es neoliberalismo con rostro verde. La transparencia que usted defiende puede ser usada para medir el “rendimiento solar” de cada hogar, creando nuevos rankings, nuevas jerarquías. ¿Dónde queda la gratuidad incondicional en ese esquema?

Cardozo:

Usted tiene toda la razón en el diagnóstico de la trampa. Por eso el Solarismo insiste en que no puede haber transición energética justa sin Estado comunitario —no el Estado neoliberal que se retira, ni el Estado autoritario que controla, sino un Estado que garantiza el derecho universal a la luz como derecho humano básico. Eso significa: paneles solares gratuitos para los más pobres, financiados con impuestos progresivos a las grandes corporaciones energéticas. Significa: tarifas escalonadas donde quien más consume más paga, y quien menos consume recibe un bono solar. Significa: que ninguna cooperativa puede excluir a un vecino por falta de pago inicial.

Usted habla de la transparencia como posible herramienta de vigilancia. Y tiene razón. Por eso el Solarismo no propone una transparencia ingenua, sino una transparencia democrática: aquella que permite que la comunidad audite a sus representantes, pero que también protege la intimidad de las personas. No se trata de que todo sea visible, sino de que las cadenas de poder —quién decide, quién instala, quién cobra— sean visibles. Eso es lo opuesto a la opacidad corporativa que el neoliberalismo adora.


Ronda 3: ¿Puede el Solarismo reconstruir lo común?

Brown:

«Usted propone un Estado comunitario. Suena hermoso. Pero ¿de dónde sacamos la voluntad política para construirlo? El neoliberalismo no solo ha desmantelado instituciones; ha producido subjetividades. Nos ha enseñado a desconfiar de lo colectivo, a ver al vecino como competidor, a pensar que la solidaridad es una pérdida de tiempo. 

¿Cómo desaprende el Solarismo esa lección?

¿Cómo convence a un individuo neoliberal —que solo confía en su cuenta bancaria y en su capacidad de “emprender”— de que entregue parte de su energía a una comunidad que no sabe si le devolverá algo?

Cardozo:

No tengo una receta mágica. Pero sí tengo una convicción: las subjetividades que el neoliberalismo produce no son eternas. También pueden ser desproducidas. Y el Solarismo es, ante todo, una práctica: instalas un panel colectivo, y de pronto los vecinos tienen que acordar horarios, repartir tareas, resolver conflictos. Eso es pedagogía política. Aprenden a confiar, no porque sean buenos, sino porque la necesidad los obliga a cooperar. Y en esa cooperación, algo cambia en el alma.

El neoliberalismo nos hizo creer que éramos islas. El Solarismo nos recuerda que, sin la luz del Sol, ninguna isla sobrevive. Y que esa luz es un bien común por naturaleza —el Sol no le cobra a nadie por brillar. La tecnología solar es solo una mediación. Lo importante es que, al compartirla, aprendemos a compartir otras cosas: el agua, el cuidado, el conocimiento. No digo que sea fácil. Digo que es posible. Y que ya está ocurriendo en miles de comunidades cooperativas en el mundo, desde Bangladesh hasta Andalucía, desde Chiapas hasta mi Venezuela.

Usted, Wendy, ha escrito sobre las ruinas del neoliberalismo. Yo leo sus ruinas y veo también brotes.

¿No será el Solarismo uno de esos brotes? 

¿Una filosofía que nace precisamente de la necesidad de reconstruir lo común allí donde el mercado lo había arrasado todo?


Conclusión: La luz como bien común

Moderador: Wendy Brown y Lubio Lenin Cardozo  confrontan dos diagnósticos del presente. Ella nos ha recordado que el neoliberalismo no es una tormenta pasajera, sino una transformación profunda de nuestra subjetividad y nuestras instituciones. Él ha aceptado la dureza del diagnóstico, pero ha insistido en que hay prácticas —la cooperación solar, la comunidad energética, la transparencia democrática— que pueden sembrar alternativas concretas.

Brown:

El neoliberalismo es más resistente de lo que usted cree. Pero reconozco que su Solarismo tiene algo que muchos discursos críticos han perdido: una utopía concreta. No se queda en la denuncia. Propone. Y eso es raro y valioso. Solo le pido que no subestime la capacidad del capital de cooptarlo todo —incluso la gratuidad, incluso el Sol. Si su comunidad luminosa no construye poder político real, si no lucha por un Estado que garantice lo común, entonces sus paneles serán apenas un consuelo ecológico para los que ya tienen todo.»

Cardozo:

El neoliberalismo nos dijo: “Usted es su propia empresa”. El Solarismo responde: “Usted es su propia estrella, pero una estrella no brilla sola; brilla en una galaxia, en una constelación, en un cielo compartido”. No subestimo al capital. Pero tampoco subestimo la capacidad de la luz de abrirse paso entre las grietas. Construyamos esas grietas, Wendy. Instalemos paneles, sí, pero también asambleas, también presupuestos participativos, también escuelas donde se aprenda a cooperar en lugar de competir. Ese es el Solarismo que quiero: ni ingenuo ni derrotado. Simplemente luminoso y terco.

Moderador: Este diálogo deja una pregunta en el aire: ¿puede una filosofía de la luz sobrevivir a la noche neoliberal? Cardozo dice que sí, pero no sin lucha. Brown dice que tal vez, pero no sin sospecha. El debate sigue abierto.

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