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domingo, 6 de septiembre de 2015

Conference / Concentration in Toronto. Friends house, 60 Lowther. St George Station

We invite you to share with us in the defense of biodiversity and the planet:

Conference / Concentration

“The Venezuelan Essequibo territory north of South 
America in the sights of pirates and privateers”

Dedicated to two great environmental leaders who dedicated their lives to defending the environme
                                      Tenzin Delek Rinpoche    Chico Mendez                                       Tibet                          Brazil

When: September 18, 2015
Where: Friends house,  
             60 Lowther, Toronto. St George Station
Time: 6:30 pm
Panelists: Dr Lenin Cardozo
                 Dr María Páez Victor

Sponsors:  Bolivarian Circle Louis Riel, Latinoamerican and Caribean   Solidarity Network, Hands off Venezuela, Azul Ambientalistas


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azulambientalistas@gmail.com, cblriel@sympatico.ca

http://www.azulambientalistas.org/exxon-no.html








sábado, 5 de septiembre de 2015

Manifiesto de Maracaibo. Campaña "En el Esequibo Exxon NO!!"

El Esequibo venezolano  un territorio al norte de Suramérica en la mira de corsarios y piratas.  

A los ambientalistas del mundo, a los que defienden la naturaleza, a los que aman a los árboles, a la fauna, a los que respetan la vida hasta el último latido, a los que creen que cada especie en el planeta tiene su razón de ser, a los que entienden que este lugar mágico que se llama Tierra hay espacio para los humanos y los no humanos. A los que desafían a los antiplaneta en cualquier lugar de nuestra esférica casa, los llamamos a que juntos protejamos ese virgen lugar natural, uno de los pocos pulmones verdes que aún queda en la América, llamado El Esequibo Venezolano.

Hoy la corsaria alianza Exxon Mobil y el Gobierno de la República Cooperativa de Guyana, pretenden por la fuerza apoderarse de ese inédito territorio natural, hogar de más de 400 especies de peces endémicos, 800 tipos de aves, 1.168 de vertebrados. Con una de las caídas de agua mas caudalosas del planeta, las Cataratas de Kaietem que tiene una altura de 226 metros. Así mismo, posee una masa forestal que representa 8 millones de hectáreas, reuniendo más de 1.000 especies diferentes de flora y santuario de bosques de gigantes árboles. Por estar dentro del llamado Escudo Guayanes, le da una característica sin igual como región biodiversa.

Desde el 2007 la CITES [Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro] ha realizado estudios en la Cuenca del Río Esequibo y ha recomendado considerar la región como un área de conservación. Según la CITES, “La biodiversidad de la Cuenca del Río Esequibo es muy alta, con muchas especies únicas, así como especies nuevas para la ciencia. Es imperativo que actuemos rápidamente en la conservación de estas áreas prístinas que están desapareciendo rápidamente por todo el planeta, por lo que es fundamental aprender sobre ellas antes de que se alteren. Revertir la tendencia posesiva extractivista minera es lo recomendable para la toma de decisiones ante una nueva realidad que exige la consciencia ambiental, ecológica y conservacionista”.

Tambien el Esequibo es el hogar de los pueblos indígenas akawaio, patamona, waiwai, makushi, lokonas, wapishana y kariña, cuya sobrevivencia por siglos ha sido sin ningún impacto por contaminación pero que en el presente estos indígenas son vejados y desplazados por los mineros guyaneses y brasileños.

Permitir operaciones petroleras, mineras y deforestación es condenar a la desaparición de una extraordinaria e importantísima flora, fauna y recursos hídricos del Continente.

Como Fundación Azul Ambientalistas hacemos la siguiente propuesta para defender esta inmaculada región a la par de los avances o no de los laudos geográficos: declarar todo el actual territorio en reclamación como territorio natural patrimonio del mundo a través de la figura de Corredor Biológico de la Cuenca del Río Esequibo, y así proteger la biodiversidad del la Cuenca del Río Esequibo y frenar cualquier posibilidad extractiva de trasnacionales en ese espacio.

Los Corredores Biológicos son formas internacionales de protección de la biodiversidad en el mundo. El Corredor de la Cuenca del Esequibo tendría un área de 120.000 Km2, con más de 20 ríos afluentes, con una desembocadura que representaría el segundo estuario más grande del continente americano. La cual seria una de las regiones con más alta tasa de endemismo en piscifauna a escala mundial, a tal grado de denominarla el paraíso mundial de los peces, según revistas especializadas de pesca.

Desde la ciudad de Maracaibo, nos pronunciamos por la defensa de la biodiversidad del Esequibo y nos declaramos en activistas permanentes de la campaña "En el Esequibo Venezolano ¡#ExxonNO!!"

METAECOLOGÍA. LA IDEA DE POESÍA EN JUAN BEROES (1914-1975)

La  belleza expresa lo divino en lo sensible."
Hegel.
"privilegio del poeta que da a cada palabra su sentido más irremplazable, porque refiere cada palabra a su propio destino espiritual."
Álbert Béguin

Cuando el poeta en sus versos expone su idea de poesía obviamente ilumina, cual un relámpago, lo más sagrado de la aventura de su existencia escritural.  Señala, así mismo, las rutas para cruzar por el secreto de sus odas. Puede dicho ámbito lírico ser obscuro de claridad o poseer el fulgor de la más cerrada noche. Tiende entonces las manos de las voces y sin proponérselo necesariamente reta, el vidente. Revela la idea de poesía en el cantor -explícita o implícitamente- su creación, valga decir un corpus verbal nacido de su entraña espiritual, nuevo. Descansa el fundamento de su originalidad en la arquitectónica de sus pensamientos ensamblados mediante la rítmica, la musicalidad, todo ello inmerso en su personal concepción (del misterio) de la genuina roca de la belleza, de lo kállos, elaborado con escogidas (a veces muy amadas) palabras, sermo nobilis. Un sentimiento, en fin, dejado entre sus estrofas explícito o implícito, esta última modalidad expresiva exige, con respecto a la idea de poesía, un mayor esfuerzo intelectual por parte del estudioso o del lector interesado en el asunto.

En el poema -o en el poemario- la idea de poesía un rasgo aportativo descubre, novísimo, enriquecedor de la poesis. Si un viejo lector de poesía al final de su lata experiencia quisiera recogerlos (a esos rasgos) todos y conformar con ellos una libros de cantos; I, Paraíso edificado" (dieciocho cantos); II, Paraíso habitado" (quince cantos); III, "Paraíso desatado" (doce cantos).
I
"¡He allí, pues, los vivientes dominios de la provincia estelar donde fui aposentado!" (p. 19).

Habla por la voz del poeta la tierra en "Paraíso edificado". Atrevida hipóstasis. Sólo mediante la fuerza tremenda de la poesía puede el trovador hipostasiarse en la tierra del Huevo Mundo, ser la palabra trascendental, al través de los rieles de una alta musicalidad -pathos músicas- para decir a los cuatro vientos la plenitud de la realidad de "las regiones equinocciales del Nuevo Continente" (Humboldt), ello únicamente posible mediante la liberación plena de la creatividad lírica. Sobre la verde piel de esta geografía el bardo describiendo va en armoniosos versos la historia natural y existencial de los territorios, desde los pobladores originarios.

'•En aquel tiempo, oidme, los hermanos más puros de mi sangre descendían felices de las verdes colinas tumultuosas, y en el hombro traían herramientas brillantes, olorosas aún a piel alta de la tierra, a anunciación del día (p. 11).
Recorre el poeta, entremezclando planos temporales Con sorprendente ludismo, el país amado por el sol. Expone, a la manera de Andrés Bello en LA AGRICULTURA DE LA ZONA TORRIDA, los frutos de la huerta,
"La guanábana encendía
vaga luz de transparentes ámbitos nutricios, y la pina ceñuda
-trofeo de las armaduras vegetales-
erizaba con zumos de sus lunas secretas volcánico escalofrío” (p. 2l).
De las flores,
”Aquí la carne del malabar espumoso, y de la azucena de piel rubia o de céfiro o como la novia que desplega su axila...” (p. 30).
Quedan registradas en su pluma las neblinosas montañas, los asoleados cerros, los copiosos bosques, en fin. Después la fatalidad histórica de la llegada de los maldi­tos conquistadores españoles a quienes el escritor engloba bajo un solo nominativo» ”E1 Forastero” -”y vimos la nube avanzadora del caballo / penetrar en el reino de los árboles, / como una cálida invasión de temeraria espuma” (p. 23). Va enfocado todo cuanto sigue en un conjunto de múltiples reflexiones, siempre dentro del tronar de la poesía y de su musicalidad magnífica, sobre el mestizaje y los pueblos nacidos a partir de allí e inmersos en el mismo paisaje. No escapa a esta angustia existen- cial del vate su saga familiar enclavada en la provincia de Los Andes venezolanos de donde Beroes provenía. Pues bien, ello la edificación de un orbe constituyó, por eso tal vez el nombre de esta primera parte de libro, ”Paraíso edificado”.
”Puedo ser, ¡pueblo mío desterrado de las consagraciones terrestres!, el que te acompaña y muere de tu larga agonía, o el que se despide y te deja en palabras el recuerdo de sus dichas mortales” (p. 44)*
II
Sólo -un poeta, mas con el talento artístico de Juan Beroes, pudo lograr alcanzar con la presencia semántica de la musicalidad de sus estrofas la esencia del espíritu de la tierra, de la diosa Gea, gran theá madre de la existencia, en el límite extremo de Occidente donde el sol de pone, en la singular región de Los Andes venezolanos.
”Pero, aún viven en la tibia montaña al poniente los signos que ampararon mi mortal crecimiento” (p. 59)»

En ese entorno maravilloso donde aún el verdor no ha perecido, donde muchos de sus entes conservan frescos los rasgos virginales del origen, la segunda parte del libro se explicita. Canta ahora el trovador su infancia en medio de las sorprendentes rea­lidades vistas con los ojos de esa edad* En sus remembranzas los sublimes momentos articulados de ese ámbito luminoso recorre. Dedica los primeros espacios del recuerdo a la "Ama", la mujer quien cuidó de su niñez.

”-0h, Ama entre cánticos, dueña de las infantiles soledades:
yo te he visto apartar mi muerte primera,
con tu mano que ascendía victoriosa
hacia el corazón de las frescas montañas!" (p. 58).

Plena con la memoria cual relámpagos mnémicos e ilumina el bardo este ahora "Paraíso habitado". Escibe Heidegger en un hermoso libros "El recuerdo auténtico debe profundi­zar siempre lo recordado, es decir, hacerlo salir de nuevo, progresivamente, en su posibilidad más íntima" (2). Mas esta afirmación en otra de sus tesis se enriqueces "Por eso, la poesía es el agua que a veces corre hacia atrás, hacia la fuente, hacia el pensamiento como recuerdo (...). Toda acción poética brota de la meditación del re­cuerdo" (3)* Adquieren entonces vida eterna, o en otras palabras aliento poético, en esta segunda parte del poemario la casa de la infancia con todos sus recovecos mis­teriosos, los pájaros en el centro de aquel verdor, el arribo del verano o de las llu­vias, el azaroso incendio de los alrededores, el cruce por los caminos de hombres ar­mados a caballo provenientes de las pequeñas guerras locales, la furiosa tempestad, la madre, el abuelo; luego el advenimiento del final de la adolescencia acompañado de la salida de la casa materna, el autoexilio de aquel paraíso impulsado por el re­to de la aventura del futuro, al encuentro con un destino.

"Alcancé mi juventud en días semejantes a las verdes mañanas con césped visitado por delgadas sombrillas, y grabé en las maderas de mi corazón abundante:
-Madre, solo voy con mi gozo, ¡aconséjame!" (p. 63)*


III
Marcha el poeta al hallazgo del azar, del hado; deja atrás el habitado paraíso de su infancia para tomar el derrotero del laberinto de la vida adulta. Lleva en la al­forja de su esperanza sólo sus versos y sus ojos, su amor a la existencia sin des­conocer las complejidades, a veces terribles, dolorosas, en otras amables, dulces, de la realidad cuando ya se transita en solitario. Anda ahora sobre la parda tierra de lo por él llamado el '‘Paraíso desatado". Iluminando van sus musicales estrofas los múltiples caminos de la obscuridad del caos. Cual relámpagos sus composiciones alum­bran los ámbitos de la oportunidad de vagar sobre la piel del tiempo, de su tempora­lidad. Riquísimos encuentros, angustiantes desasosiegos, cada uno fijado en la eter­nidad de sus cantos.
"-Mas, siéntate a la sombra de tu eterno poema, y en la voz de un instante, una tarde del tiempo, caerse los verás de su triste soberbia" (p. 70).
Significa "Paraíso desatado" la peregrinación del vidente por el espacio extendido desde su extrañamiento de la casa materna hasta el lindero de la muerte. Constituyen sus sonoras estrofas exorcismos contra (y testimonios de) los males de los hombres, sus compañeros de errancia; conjura con su ódica al destino, sus sorpresas, sus trampas, sus abismos. Pese a la grandeza de la poesía ella sin embargo suficiente no es para cruzar el océano de la soledad del bardo entre los escollos de los misterios, de los retos inaplazables, de los vacíos del alma. Vuelva entonces su rostro a Dios cual esperanza intangible, ante el férreo limite del deceso. La ilusión, la fantasía, el tibio topos de la casa materna ya han dejado de ser, por eso el título del poemario, Los deshabitados paraísos. Yacen entretanto las cosas, las personas, los paisajes, en verdad, pero en medio de una dura nada. Muere el alma a veces mas la corporalidad pervive alimentada por el semidulce elíxir de la tristeza. Revela ello uno de los designios del sabio, en el estar, en el permanecer, la soledosa vía.

"Os invito a lamentar en la región de mis deshabitados paraísos, porque aquí ya no hay piedra qüe sostenga estos muros,
ni muros que convoquen a batalla de arcángeles, ni arcángeles humanos que con su aliento disipen las obscuras invasiones del cielo desatado" (p. 87).
IV
Si el poemario con una invocación abrió el triple conjunto de los cantos, después de éstos cierra con una larga oración de súplicas por las culpas propias y las ajenas de su entorno epocal. Ha recorrido ya el trovador un largo trecho de su contemporaneidad. Portaba en su corazón y en su boca la poesía -la poesis- cual singular ofrenda posible por parte de él a los otros. Halló a cambio de esa dádiva el desasosiego, vanidad, falsedad, la libertad ensangrentada, "aves huracanadas" (p. 90), en fin. ¿Qué queda? ¿Cuál es el sendero? Alberga entonces Dios la última posibilidad, a Él se dirige y le entrega su contrición.
"¡Oh, hijo del aliento de Dios!, Dios mismo en mi bocas contúrbame a las puertas de tu rostro cambiante, porque vanidoso fui en los tiempos de la primera sangre y no escuchó, y no vi, y me alumbró las entrañas con fuego de falsedades y humo que embelesó mi cabeza" (p. 89).
Solicita de Dios no solamente el perdón sino la purificación de su espíritu cual simple manera de poder encontrarse, de salvarse él y su entañable heredad, su poesía. Hubiera dolido infinitamente perderse en la verdadera selva -silva vitae-, la vida; y tal vez peor aún arrastrar en la caída, al fango de las incertidumbres, sus versos, su ódica. Reclama con voz consternada, con base a su legítima pequeña historia de existencia, la bienaventuranza eterna para él y para su lírica por cuanto en su poesis va la mitad, o más, de su espíritu. Los cuarenta y cinco cantos de Los deshabitados paraísos hacia ese final apuntan. Pervive el poeta auténtico mucho más en su obra y mucho menos en el vanidoso acontecer de sus pasos por los días. Debe incluir, pues, en la frágil canoa de la salvación también su trova, si no naufragará irremediablemente en el infierno de la pena.
¡Cierra, en fin, oh Padre de la luz, con tu mano inmensa que habrá de perdonarme,
estas creaciones violentas... estas obscuras palabras mías! (p. 9l)*
V
Entraña el presente escrito sólo, y apenas, un "ver” Los deshabitados paraísos. ¿Qué vislumbra el sentido profundo de ese libro? ¿Podrá algún agudo lector dar con ello? Vale bien, no obstante, el difícil viaje por el bosque de la palabra encantada de esos poemas. Te invito, lector.

Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano

=0=
NOTAS:
·Juan Beroes, Los deshabitados paraísos. Caracas, Tip. Vargas, 1967* 91 P»
·Martin Heidegger, Kant y el problema de la metafísica. México, Pondo de Cul­tura Económica, 199^- P* 19^*
·M. Heidegger, ;.Qué significa pensar? Madrid, Trotta, 2005. P. 22*
Postdatum: El epígrafe pertenece a la página 42 del mencionado poemario de Juan

Beroes

METAECOLOGÍA. ESTAR EN LA POESÍA


        En el hemisferio del planeta Tierra nominado Occidente, ante el reto de la poesía el humano amoroso de la creatividad verbal  ha respondido con dos actitudes diferentes en el uso de su voz lírica. Asumo, cual irrefutable al respecto la definición de Platón en su diálogo Fedro donde por boca de Sócrates afirma (Diálogos. México, Porrúa, 1972. p. 636): “Pero todo quien intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por el delirio que viene de las Musas, o crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección; la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino”. Aunque el filósofo ateniense una de las dos actitudes privilegia señala sin embargo la existencia de la otra.


La disposición del ánimo poético correspondiente al hombre naturalmente sabio, noble, quien admirado ante la belleza del mundo de su entorno o del lejano –cielo, estrellas, mares, montañas, los días, las ciudades, así hasta el infinito- desea atraparla en la red de las palabras dispuestas en diáfana logicidad, más sin excluir el ludismo contextual, el ínsito juego del ingenio creativo en la literatura (la sutileza de urdir con fulgencia, con gallardía las formas estructurantes del poema lírico) cual un obsequio tanta a sí mismo cual a los otros. 

En efecto ¿cómo hacerlo? Sabio al fin, aprende la escritura de los versos mediante ese “arte” mencionado por Sócrates. Ayudarán el pathos de este complejo mester escogido los conocimientos. la inteligencia, la sensibilidad del cantor: levantarán sus estrofas una belleza anudada con esta actitud composicional, la pulchritudo nítida (rationalis). Oportuno para concluir este primer tramo del escrito la afirmación de Martin Heidegger: “La lógica como teoría del pensar correcto se convierte en meditación acerca de la esencia del lenguaje como nombramiento fundante de la verdad del ser [Seyn]” (Aportes a la filosofía. Acerca del evento. Buenos Aires, 2006. p. 151). Apoyase lo dicho supra en un poema arquetípico.


MOLINO

Hilandero de vida
en la rueca del viento.
Galán de las espigas
del maduro trigal.

Gira el molino, gira
como si fuera el corazón del cerro.

La aurora –al visitarle-
con brisa y aire
tejer un juego de blondas.
La aurora –al despedirse-
le deja entre los brazos la mañana.

Gira el molino, gira
como si fuera el corazón del cerro.

Molino –Cristo campesino
crucificado en rachas
aulladas por los zorros-
a tu amparo, tres ranchos se arrodillan
y te bendicen
con las palabras largas
y grises del fogón,

Hilandero de vida
en la rueca del viento.
Galán de las espigas
del maduro trigal.


Poema de Juan Antonio Patrizi  (Mérida, 1911- Caracas, 1950), tomado de su libro Riscos (Mérida, 2003. p. 23).

 Difiere ésta de la otra disposición del alma ante el reto de la poesía, la concerniente a aquellos cuyos cantos “respiran un éxtasis divino”, según Sócrates en el pasaje citado. Por la voz de estos heraldos de las Musas fluye un desbordado río de resonancias reminiscentes, de armonizadas palabras cautivantes para revelar a los otros los misterios de la Madre Gea –la tierra- uncido a los de Uranus –el cielo-: intemporal, aespacial, mántico, órfico, la anamnesis: “Cuando un hombre percibe las bellezas de este mundo y recuerda la belleza verdadera, su alma toma alas y desea volar”… revelación de Sócrates (Op. cit. p. 639). Su lenguaje nunca se sacrificará a un severo orden lógico expositivo de las frases sumisas a la berroqueña realidad inmediata, se elige más bien el melos oracular, el grito, lo profético, el alarido del vidente, del vate, de la pitonisa; brota su cántico con libérrima fuerza desde la arcanidad del soma del humanus, “delirio que viene de las Musas” dice Sócrates. Impone su única razón escritural la belleza consubstanciada con este otro rezar lírico, la pulchritud obscura (orphica).

            Aunque Sócrates en las líneas citadas a unos trovadores los ubicó en el horizonte de “la poesía de los sabios” a los otros, no los agrupó bajo un rótulo singularizado, más en la remota antigüedad griega a estos bardos se les apellidó “órficos”; aedos, rapsodas seguidores del mítico poeta Orfeo cuyos dulcísonos versos movían las rocas, danzaban los árboles, apaciguaban a las fieras.

“Revoloteaban sobre su cabeza
infinitos los pájaros,
los peces fuera del agua azul
al son de sus bellas odas saltaban”.

                                               Simónides de Keos (556 – 467 a. C.) ORFEO

            Hechizo con sus odas las divinidades del mundo subterráneo, el reino del atardecer del Dios Hades. Se ha tejido con el impulso y concepción de lo Kállos órfico, a lo largo de los siglos, una extensa elocución lírica la cual se ha derramado más allá de lo propiamente literario para irrigar el hoy olvidado humanismo órfico.

            Asiste esta segunda parte de la exposición el poema XI de Juan Beroes de su libro Prisión terrena (Caracas, Suma, 1946).


Grave tristeza mía
al fin aprisionada.

Prisionero en tu pecho
¡Oh, tierra desolada
mi corazón te canta!

¡Tierra del corazón, madre del sueño!

Brazos, al fin, abiertos
como la fresca boca
que a tu seno me lleva;
¡huesos que te devuelvo,
polvo que te reintegro!

Tierra fresca y obscura
¡pascua del corazón, madre del duelo!

Seca raíz de amor a mi arrancada
por mi dolor levante
y en ti, feliz, se asome,
divague con los lirios
se mueva en los trigales.

Tierra del corazón:
¡sábeme tan pequeño!

Raíz del mi morir de mi nacida
torne al seno del árbol castigado,
árbol solo y de muerte,
ciprés crucificado
en tus altas colinas, dura tierra!

Enséñame tus brazos,
brazos para dormir, ¡pequeña dicha!
dicha como el morir ¡breve y pequeña!
Grave tristeza mía,
tristeza que no vive, ¡ay! tierra airada
sin tu sordo rumor innumerable.
                                   ¡Oh, tierra clamorosa que denuncias
el florecido instante de los besos,
el paso de los hombres,
la sedienta colina en la que el sueño
derrama su inocente primavera!

¡Oh, silvestre corteza de los años
sin huellas de mi paso por tu arena!

¡Tierra del fallecer, madre del sueño!

¡Por mi joven dolor crucificado
este hueso de amor, al fin, te canta!

Pero ¿proviene de dónde ese singular lenguaje de los poetas órficos? ¿Ese “éxtasis divino” (Sócrates), esas resonancias reminiscentes con las cuales ellos dicen interpretar las señales de las múltiples manifestaciones de la Madre Gea?

“Porque soy dura roca que se parte en los mares
y ardorosa ventisca que golpea las ventanas”.
                                                                                  Juan Beroes, XII.


¿Ese desorden expresivo, alógico, identificado con el fluir de los misterios de la vida espiritual, de lo sacratus? Sencillamente del principio central del pensamiento órfico, el soma sema (     ): “El cuerpo es el sepulcro del alma”.

“Es la hora del alma entre sus muros,
¡quieta noche del sueño!”
                                                              Juan Beroes, III.

(…)
“¡Mírame, al fin , oh tierra:
sábeme vivo fruto
de tu  férrea prisión indiferente!
En tu polvo me asomo
y mi aliento disipas.
¡Y en ti doblo mi tallo pasajero,
pues, ciega, me desnudas,
           y entraña de ti misma, me consumes!”
                                                                Juan Beroes,  XIV.

Es, pues, el cuerpo para los órficos el sepulcro del alma. Significa cuerpo, lo corporal, el vocablo griego soma (Σώμα) cuyo paradigma el cuerpo del humanus lo representa, Sema (Σέμα) en la lengua de los helenos, en su sentido originario, traduce: “señal del cielo”, indicio del espíritu, portento, presagio, sepultura. Pues bien, las voces de los poetas órficos de lo más recóndito de ese “sepulcro del alma” salen, arrastran ellas en su salida hacia las odas contenidos presagiales de esencia divina, palabras hechas de íntimos misterios, pálpitos, presentimientos, signos reveladores del ser del espíritu.

(…)
“¡Que el hombre prisionero
levante su clamor enfurecido
sobre esta arcilla triste,
sobre esta sangre mía
sustento de animales
y pasto de criaturas!”
                                                           Juan Beroes, V.

Pertenecen a lo órfico cual verdades presenciales extasiantes,  lo obscuro, lo sombrío, lo tenebroso, lo nocturnal, las tinieblas, la noche, el sueño. Constituye el sueño, dentro de esta singular percepción de la lírica, el ser del vivir del humanus.

“Oh, sueños desnúdame en tus brazos multiformes
bajo esta abierta noche construida de mis ojos,
y elévame a tu llama, viva llama en silencio, ¡quemadora tristeza reclinada en los mundos!”
                                                           Juan Beroes, I.
(…)
“Y dormido pregunto por el árbol del sueño,
-árbol de la existencia por mitades alzado-
raíz que a todo me ata y obscura me despoja
de un cuerpo que era mío y ya habita en lo creado!”
                                                           Juan Beroes, XIX.

(Corresponden los apoyo en versos al  opúsculo de Juan Beroes, Prisión terrena. Caracas, Suma, 1946).


Por Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano