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sábado, 25 de abril de 2026

Tres miradas, un mismo sol: por qué la Era Solar es posible, necesaria y urgente

 


La transición energética hacia la Era Solar no es un problema técnico ni económico. La tecnología está disponible. Los costos de los paneles solares y las baterías han caído más del 90% en una década. La energía solar es hoy la más barata de la historia. El problema es político. Y más profundo aún: es epistemológico. Y más profundo todavía: es ciudadano.

Hermann Scheer, el político alemán que convirtió a su país en líder mundial de energías renovables, lo dijo con claridad: "Las industrias incumbentes —fósiles y nucleares— tienen una influencia desmesurada sobre los gobiernos, los medios, la academia. Han logrado instalar la idea de que las renovables son 'intermitentes', 'caras', 'insuficientes'. Esa es una mentira que se repite hasta que parece verdad. Lo que falta no es tecnología. Es voluntad política para romper los monopolios y desplegar a escala."

Hazel Henderson, la futurista que en 1981 escribió The Politics of the Solar Age, fue más atrás: "El problema es epistemológico. La economía convencional nos ha enseñado a pensar con categorías falsas. Nos habla del 'PIB' como si fuera el bienestar, ignora el trabajo no remunerado de cuidado, trata la naturaleza como una 'externalidad', es decir, como si fuera gratis. La transición hacia la Era Solar no es solo cambiar la fuente de energía. Es cambiar los criterios de valor de toda la sociedad."

Por mi parte, añado una tercera dimensión: el poder territorial y ciudadano. La transición no puede ser solo de arriba abajo (Estado), ni solo de abajo arriba (mercado). Tiene que ser desde los espacios ciudadanos, desde las cooperativas, desde los techos compartidos. No grandes plantas solares en el desierto controladas por corporaciones extranjeras, sino miles de comunidades que generan su propia energía, gestionan su agua, deciden sus presupuestos. La transición será justa cuando los ciudadanos sean los protagonistas, no los espectadores.

¿Por qué estamos atascados? El diagnóstico compartido

Scheer identificó al enemigo: el poder político de los monopolios energéticos. Henderson lo amplió: el poder epistemológico de la economía convencional. Yo lo completo: la falta de organización ciudadana.

No basta con que los paneles sean baratos. No basta con que los científicos alerten. No basta con que los gobiernos firmen acuerdos. Hace falta que la gente tome el control de su propia energía. Porque el poder no se entrega voluntariamente. Las élites extractivistas no van a desaparecer porque les mostremos curvas de costo o folletos con paneles bonitos. Necesitamos organización. Necesitamos lucha. Necesitamos ruptura. Pero la ruptura no tiene por qué ser la toma de un palacio de invierno. Puede ser la instalación de miles de paneles en techos populares que, uno a uno, vayan desarmando el poder de las corporaciones fósiles. Puede ser la creación de espacios ciudadanos que decidan sobre su propia energía, su propio presupuesto, su propio futuro.

¿Cómo desbloquear la transición? Las estrategias convergentes

Scheer nos enseñó que el Estado tiene un papel central: no como propietario de los medios de producción, sino como creador de las condiciones para que la ciudadanía pueda apropiarse de la energía. En Alemania, la ley de energías renovables (EEG) fue clave. Garantizaba tarifas de alimentación para los pequeños productores, permitió que cooperativas, granjas, incluso individuos, invirtieran en paneles. Eso no fue espontáneo. Fue política pública.

Henderson nos enseñó que medir es el primer paso para transformar. Su Green Transition Scoreboard no espera a que los gobiernos actúen. Documenta lo que el sector privado ya está haciendo. Más de 4 billones de dólares invertidos en renovables, eficiencia, construcción verde. Eso no es un sueño. Es una realidad. El papel de los gobiernos debería ser simplemente no estorbar y, cuando sea posible, allanar el camino. Pero la energía de la transición no viene de los despachos oficiales. Viene de los emprendedores, de los innovadores, de los ciudadanos que votan con sus billeteras.

Yo añado que la comunidad tiene el papel más importante: garantizar que la transición sea justa. El mercado, por sí solo, no llega a los que el mercado ignora. Los pobres, los barrios marginales, las comunidades rurales aisladas: no son un mercado atractivo para los inversores. Ahí el Estado tiene un papel insustituible: garantizar el derecho a la energía como un derecho humano. Y ahí las comunidades tienen un papel aún más central: organizarse para instalar sus propios paneles, para gestionar sus propias cooperativas, para decidir su propio futuro. La transición no será justa si solo beneficia a los que pueden pagar. Será justa cuando cada espacio ciudadano, por pobre que sea, tenga acceso a la luz. Y eso no lo da el mercado. Lo da la organización colectiva y la solidaridad financiada con impuestos.

¿Hacia dónde vamos? El horizonte compartido

Scheer lo vio claro: "El horizonte es una civilización solar. No es una utopía. Es una necesidad técnica y política. Hay que romper los monopolios, desmantelar los subsidios a los fósiles, crear marcos regulatorios que favorezcan a los pequeños productores. No será fácil. Pero es posible. Y es la única manera de asegurar un futuro habitable para las próximas generaciones."

Henderson añadió la urgencia ética: "No basta con cambiar la fuente de energía. Hay que cambiar la matriz de valores. La economía convencional mide el éxito por el crecimiento del PIB, aunque ese crecimiento destruya la naturaleza y aumente la desigualdad. Nosotros necesitamos otros indicadores: huella ecológica, desigualdad de ingresos, horas de trabajo no remunerado, acceso a energía limpia. La Era Solar no será solo solar. Será ética, transparente, participativa. O no será."

Yo cierro con la convicción de que la organización ciudadana es la clave. No será una vanguardia iluminada la que nos guíe. Serán millones de pequeños espacios ciudadanos los que, al generar su propia energía, al gestionar su propia agua, al decidir su propio presupuesto, hagan innecesarias muchas de las funciones del Estado central. No porque el Estado desaparezca, sino porque se redefine. Se limita. Se subordina a la ciudadanía. El Sol no abole al Estado. Lo redefine. Lo limita. Lo subordina al espacio ciudadano.

El sol no espera. Y nosotros, tampoco.

Tres miradas, un mismo sol. Scheer nos enseñó que la política puede desbloquear la transición. Henderson nos enseñó que la economía debe servir a la vida, no al revés. Yo intento mostrar que la ciudadanía organizada es la garantía de que la transición sea justa.

No son visiones contradictorias. Son complementarias. La transición será solar cuando tres condiciones se cumplan simultáneamente:

1. Política valiente que rompa los monopolios y cree las condiciones para la autonomía energética.

2. Nuevos indicadores que midan lo que realmente importa: bienestar, igualdad, sostenibilidad.

3. Ciudadanía organizada que se apropie de su energía, su agua, su futuro.

No estamos ahí todavía. Pero estamos en camino. Y el camino, aunque largo, se recorre paso a paso. Un panel a la vez. Una cooperativa a la vez. Un espacio ciudadano a la vez.

La energía solar es la democracia hecha electricidad. No se concentra, se distribuye. No se acumula, se comparte. Nuestra tarea es acelerar esa transición. Con políticas públicas, con inversión privada, con organización ciudadana. No tenemos tiempo que perder.

El sol no espera. Y nosotros, tampoco.

Lubio Lenin Cardozo (con Hermann Scheer y Hazel Henderson)

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