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martes, 31 de marzo de 2015

In Zulia, il canto delle cicale annuncia l'avvicinarsi della Pasqua



Cantando al sole,
come la cicala
dopo un anno
sottoterra,
così come supérstite
che ritorna dalla guerra.

María Elena Walsh, poetessa argentina

Le cicale arrivano a marzo alle nostre foreste e boschi, per dire addio ad aprile o maggio. Da sempre il canto delle cicale è presente fra noi. Vederle negli alberi o giocare con i suoi gusci vuoti, è ricordare l'infanzia.

Sulle strade percorse a marzo:  Chaktapa, Yapotopona, Totumena, Mecocal, Consejo de Ciruma, La Williams, Los Manantiales, Sansibar, Carrasquero, Japreira, di questo splendido paradiso terrestre chiamato Zulia, abbiamo sentito in quei luoghi il canto rauco di questo insetto unico.

Hanno una sviluppo vitale che dura dai 2-17 anni. Vivono sepolte in uno stato larvale, sotterraneo. Dopo diversi anni di essere tra le radici degli alberi, la larva diventa una ninfa e lascia il suolo, ed è pronto a mutare per diventare adulto. Trascorrono più di un decennio nel buio sotterraneo della terra  e circa un mese alla luce del giorno prima di morire. La loro unica missione in questi ultimi giorni è la riproduzione.

Le cicale  si nascondono tra le foglie degli alberi. Da qui esprimono il loro canto. Dopo il tramonto è quando cantano intensamente. Alcune lo fanno in coro sincronizzato, altre cantano singolarmente. Quello che sappiamo è che inchiodato ai tronchi degli alberi tremano quando lanciano le note e non si sa se il suo canto è una canzone d'amore o un gemito di dolore. Esse si protegono nella corteccia degli alberi e depongono le loro uova sui tronchi. Poi le uova cadono a terra ed è  così quando vengono sepolte.

Sono insetti singolari che richiedono più tempo per riprodursi che per morire. Alcuni gli chiamano cicale ed altri “chicharras”. Appartengono alla famiglia dei cicádidos. I quali sono i più noti dell'ordine degli insetti homopteri.

Nei tempi antichi, sono state molto apprezzate dai greci per il loro avvertimento puntuale dell'arrivo della primavera.

Esse non mordono e non pungono, sono innocue e il loro scheletri servono come fertilizzante per gli alberi.

Questi insetti gli caratterizza la loro struttura corporea. Sono spessi e robusto, hanno una lunghezza di 10 a 50 mm. Hanno quattro ali trasparenti, percorse da venature scure che nella posizione di riposo formano un tetto sul corpo dell'insetto.

Esse se fissano agli alberi con le loro 6 gambe. Ci sono di colore marrone, verde, nero o grigio. Le cicale, come molte persone li chiamano, sono facilmente riconoscibili perché portano in testa 3 ocelli che sono gli occhi semplici e due antenne che inoltre li aiutano a catturare tutto ciò che accade intorno a loro.

Dal punto di vista scientifico gli esperti dicono che il canto delle cicale è sentito nei giorni di caldo intenso, ma è solo un segnale di accoppiamento.

Solo i maschi hanno dell'organo produttore del suono che si trova alla base addominale, chiamato “timbales”.

Cantano in primo luogo per attrarre le femmine per formare una coppia riproduttiva. Si ritiene che la canzone è utilizzata come un corteggiamento.

I maschi si accoppiano con il maggior numero possibile di femmine e le femmine depongono da 500 a 600 uova. Dopo tutti muoiono.

La coincidenza del suo canto annuncia la Quaresima o Pasqua ed ha a che fare con le prime piogge di aprile.



COME LA CICALA

Tante volte mi uccisero,
tante volte io morii,
ma comunque sono qui
resuscitando.

Ringrazio la disgrazia
e la mano con il pugnale,
perché mi uccise così male,
e proseguii cantando.

Cantando al sole,
come la cicala
dopo un anno
sottoterra,
così come supérstite
che ritorna dalla guerra.

Tante volte mi cancellerano,
tante scomparsi,
al mio funerale andai,
solo e piangendo.

Feci un nodo nel fazzoletto,
ma mi dimenticai dopo
che non era l'unica volta
e proseguii cantando.


Cantando al sole,
come la cicala,
dopo un anno
sottoterra,
così come superstite
che ritorna dalla guerra.

Tante volte ti uccisero,
tante resusciterai
quante notti trascorrerai
disperando?

E al’ora del naufragio
e a quella del buio
qualcuno ti salverà,
per andare cantando.

Cantando al sole,
come la cicala
dopo un anno
sottoterra,
cosí come supérstite
che ritorna dalla guerra.

María Elena Walsh, poetessa argentina









Lenin Cardozo, ambientalista venezuelano | ANCA24 – Hugo E. Méndez U., giornalista ambientalista venezuelano | ANCA24 Italia

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un mundo mejor



.
“En algún apartado rincón del universo centellante, desparramado en innumerables sistemas solares,
hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento.
Fue el minuto más arrogante y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo fue un minuto.
Tras breves respiraciones de la naturaleza el astro se volvio rigido y los animales inteligentes debieron perecer.”
F. Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral



Una parte de nuestra vida transita entre sueños, anhelos y utopías. Otra se consume en tener presente. También, algo dentro de nosotros, busca dejar un legado, como testimonio de nuestra presencia en el mundo de los vivos. Para algunos, con dejar descendencia, unas que otras fotos, algún escrito o algún bien material, la misión esta cumplida. La simplicidad de lo vivido les dio para eso. Para otros, el sentido de la existencia y de trascender como seres vivos de este planeta, pasa por hacer aportes sinceros para mejorar el mundo en que vivimos y crear bases que nos permitirá avanzar hacia un mundo mejor para los nuestros y el resto de las especies.

¿Es posible crear un mundo mejor desde el presente?

Un mundo mejor es una construcción dinámica y permanente que como generación, aun cuando nos disperse una cultura de las prisas, la administración de un presente que adsorbe una buena parte de nuestras energías, es el gran compromiso por la continuidad de la vida, que no debemos obviar, ni olvidar.

Contribuir a que las cosas cambien a favor, no es tarea exclusiva de científicos, maestros, filósofos, poetas o estadistas. Usted desde su modesta trinchera de vida, puede hacer su parte. Defender el ambiente, proteger sus especies, sembrar árboles, frenar el sobre consumo, impartir educación ambiental, entre otras, es una manera de ponernos a trabajar para que ese mundo mejor ocurra. Todo lo que podamos hacer desde ya, será la verdadera huella.

Al final del ciclo, de este maravilloso perigranaje por la Tierra, diremos cuando en retrospectiva nos preguntemos ¿Qué hicimos para que este mundo sea mejor?. Ojala que tu, amigo lector, junto a otros muchos màs podamos decir que si aportamos por mejorar nuestro ùnico mundo.

lunes, 11 de julio de 2011

Los muy tontos no saben lo que dicen



Para decir tierra dicen madre

Para decir madre dicen ternura

Para decir ternura dicen entrega

Tienen tal confusión de sentimientos

Que con toda razón

Las buenas personas que somos

Las llamamos salvajes.

Gustavo Pereira, poeta venezolano)


El pensamiento indígena asume la tierra como madre, progenitora. Sus relatos cosmogónicos hacen referencia a su procedencia natural e incluye el retorno al término de sus vidas. El vivir, no es más que uno de las tantas etapas que hemos de cumplir, en una naturaleza no perenne, pero si bondadosa. De ahí, su agradecimiento, que se refleja en la actitud protectora y conservacionista. El ambiente, no es algo ajeno, es parte de ellos mismos. Sus rituales y ceremonias fortalecer sus vínculos con la gran madre y su subsistencia material y simbólica se basa en el consumo justo de los recursos que ella provee.

Son los genuinos guardabosques del mundo. Cerca de unos 400 millones de hombres y mujeres indígenas, dispersos entre fronteras ajenas a su imaginario o sus antiguos mundos (residen en 75 países), veneran y protegen a quien los acobija.
Acosados, arrinconados, atropellados, subestimados por las razas “civilizadoras”, que infructuosamente los ha tratado de doblegar con su eterna oferta de ”integración”. Que se resume, en intervenciones destructivas de su ambiente, provocando cambios radicales en su manera tradicional de relacionarse con la naturaleza.

Que afortunado somos, que aun contamos con los valientes pueblos originarios. Con su fuerza, su mística e inteligencia para resistir. Gracias a ellos, en América, por ejemplo, sus reservas o hábitats, a pesar de lo diezmadas que han sido, representan el 85 por ciento de las áreas naturales protegidas, donde se encuentran con cierto resguardo, más del 60% de biodiversidad del continente. Y en cada rincón del mundo donde habitan, existen las llamadas zonas de reservación o protegidas y con ello, a salvo muchas especies.
Sin la presencia de los pueblos indígenas en esos territorios, la vorágine desarrollista no hubiera tenido ningún tipo de freno.

Heroicos y solitarios pueblos. Verdaderos protectores de la vida. Resistencia histórica contra los antiplanetas. En las venideras batallas por librar, ya no estarán tan solos. Cada vez somos más, los que defendemos el Planeta.