martes, 24 de octubre de 2017

VER LAS PINTURAS DE HENRI MATISSE EN LOS MARCOS DE LA POESÍA


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Cubre la vida de Matisse los treinta primeros años del siglo diecinueve (nació el ultimo día de diciembre de 1869 en Le Cateau - Cambiésis, norte de Francia) y la mitad de la centuria del veinte (muere en Niza en 1954). Durante esas ocho décadas la actividad intelectual de Europa tiene  su representación más audaz en  Francia en los horizontes de la pintura, escultura, música (M. Ravel F. Poulenc, J. Francaix, D. Milhand), poesía. Por razones de espacio asi como del objetivo del presente escrito, para iluminar esta época sólo se darán tres nombre de altísima significación: en la  poesía lirica Stéphane Mallarmé (Paris: 1842-1898), en el arte plástico Henri Matisse, Pablo Picasso (1881-1973). Hoy, sobre este promontorio  del tiempo se puede observar, desde la perspectiva del pensar filosófico-histórico la asumida responsabilidad artística, vínculos y desvinculos entre esos tres grandes aportadores a la creatividad estética del Hemisferio Occidental. Tanto por la formación académica como por las reflexiones sobre la tradición del ingenio hacedor del alma de Europa coinciden el poeta Mallarmé y Matisse en la necesidad de reinventar la belleza cual una continuación a partir de los sabios conocimientos abonados por la inteligencia de los siglos precedentes, la disposición de mantener, enaltecer, vigorizar la dignidad de la creación artística apuntada hacia el reto de la pasión de eternidad. Pertenece la belleza cual Idea a lo eterno, pero su forma en la existencia cotidiana ocupa la dimensión de la realidad imperfecta, por ello con el devenir se consume, se desgasta, se banaliza ese misterioso encanto. Los artistas verdaderamente creativos “reinventan” formas originales para esenciartas de TO KALLOS (la belleza) la mejestad, lo glorioso del poeta Mallarmé, del pintor Matisse allí residen. Testimonios indiscutibles de haber alcanzado ese propósito existencial lo revelan, con la sorprendente fuerza del patetismo, la densa sugestivita resplandeciente de los poemas de Mallarmé a la par de las pinturas de Matisse. La edición de las Poésies de Stéphane Mallarmé (Lausana, 1932) fue ilustrada por Matisse; además del afectuoso homenaje al poeta esos dibujos significaron una sugerente “lectura” pictórica de los versos, del encuentro connubial de las expresiones espirituales de dos grandes visionarios de ese gran momento de la actividad anímica de la poietiké europea. Vaya por lo celebratorio siempre el estudio a lápiz – lectura mediante un dibujo – del poema de Mallarmé LA CHEVELURE (LA CABELIERA) hecho por el pintor en 1931 sobre esa oda de excelsa presencia en la literatura francesa.

Image result for matisse and picasso  Mantuvieron a lo largo de sus días una respetuosa amistad Picasso y Matisse. Había no obstante un abismo entre sus concepciones y disquisiciones del quehacer artístico. Glorificó radicalmente Matisse su culto pagano de ascendencia clásica por el cielo de Venus, por “LA JOIE DE VIVRE” (la alegría de vivir, así rotuló su lienzo elaborado entre 1905-1906), en el reino de la belleza creada de la imaginación, mostrando de tal guisa, desafiante sin duda, los temas de sus óleos, el derroche en sentido fantástico de la policromía de sus telas: sus golosos rojos, la candela de sus escarlatas, los estallantes áureos amarillos, los verdes prestados de los ojos de las mujeres, el ultramarino azul, el blanco bajado de las nubes, los marrones de las tierras, en definitiva un holgorio pictórico cuya traducción develaba “la joie de viviré”, la alegría de existir en los cielos de Venus. Picasso, por el contrario, asumió su temporalidad desde una perspectiva distinta: Feligrés de la utopía del comunismo, la añosa tragedia de la disconformidad social en él se transformó en una ética de su estética, inocultable. Su destreza de pintar, sus briosas temáticas, las recias líneas trazadoras de las figuras, los tonos de esa opacidad líneas trazadoras de las figuras, los tonos de esa opacidad del fondo de sus cuadros negaban radicalmente el júbilo, ensombrecían la posibilidad del encanto, quedaba si, obvio, la solitaria perfección de obras de arte. Propicia sin embargo,   esa tercera actitud por cuanto generó el vigoroso contraste nutriente y revelador de la dýnamis  de la historia intelectual de los dos siglos. En ningún otro espacio europeo de ese momento se dio la riqueza de esos aportativos antilogios, de ese ludismo psíquico impulsante del auge de las bellas artes a la par del enriquecimiento de las subyacentes energías del espíritu de la Civilización Occidental. Inclusive, hasta la Guerra Fría abrió una ventana a esta sigilosa polémica de las Bellas Artes, cuyas suspicaces reflexiones sobre el “súmmum bonum” junto a un diverso surtido de autopías acomodaticias a los pareceres de cada ideología; estas edulcoradas monsergas disfrazadas desde las trincheras de la Guerra Fría, nunca superaron el nivel de la información periodística para luego caer indefectiblemente en el olvido./ dignificó pues Matisse la pictoricidad al dotarla de la fuerza reveladora de un divino privilegio de  la escancia, el encanto de la alegría, “la joie de viviré”, más allá de las circunstancias apócales.

                Leer significa en su sentido primigenio (légein, legere) reunir, pensar en lo reunido, verterlo luego a las expresiones disponibles a la mano, a los recursos expresivos además de las palabras, cual los dibujos, pinturas, notas musicales, cantos, gestos, mímicas, en fin. Leyó así Matisse las Poésoes (1932) de Mallarmé con la hechura de las ilustraciones de dicho poemario. Leyó de igual modo el compositor ruso Modest Petrovich Mussorgski (1839-1881) pinturas expuestas en una galería de Moscú para luego traducir dichas impresiones visuales en el pentagrama al través de las notas musicales en su exquisita pieza para piano Cuadros de una exposición (luego fue orquestada). Nunca los críticos especializados en disciplinas artísticas poseen las únicas palabras sobre sus estudios o investigaciones, nunca por cuanto una de las esencias consubstaciales de la creación artística es la libertad; nadie puede encerrar el ser de una obra de arte en una caja hecha de términos eruditos. En la inatrapabilidad de las cosas, en lo indeterminable de la cosas, en lo indeterminable de la labor humana habita la maravilla del mundo. Recuérdese por su alerta enseñanza la frase del filósofo presocrático Heráklitos: “Panta réen”: Todo fluye… Nada se detiene… Todo cambia.

Image result for "lubio cardozo" matisse Me solicitó el poeta Lubio Cardozo unas hilvanadas voces introductorias a su poemario Poéticas contemplaciones de pinturas de Matisse si yo lo estimaba de interés para ser divulgado por este sistema. Le doy luz verde porque con estas composiciones liricas corroboro cuanto he afirmado en mis párrafos del presente escrito.  








Lenin Cardozo Parra
Ambientalista

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Lubio Cardozo









POÉTICAS CONTEMPLACIONES DE PINTURAS DE MATISSE













Ediciones ERATO
Mérida, 2015



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… “Todos los seres desean contemplar y tienden
a este fin, no sólo los dotados de razón sino
también los animales, las plantas e incluso la
tierra misma que las engendra.”
                                                                                                              Plotino, Enéada tercera, III, 8



      I
NATURE MORTE AUX ORGANGES II. (1899).
(Naturaleza muerta con naranjas II).


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Da Helios de color
                el amarillo obrizo
                el de las fulvas arenas
                la  diafanidad de un óseo mediodía.
También en naranjas lo convierte
                sin duda
                Solares o leonadas
                del dorado fugitivas.
Hallaríase el paladar en la vislumbre.




                             II
                         NATURE MORTE A LA CRUCHE BLUE. (1900)
(Naturaleza muerta con jarro azul).


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El sosiego de las formas el equilibrio impone.
Someta la mesura al potencial desborde
                               de la complicidad
                               de los azules, los negros
                               su opulencia reinante.
Sobrevivirán los tímidos matices
                               por la ponderación.
Las frutas apenas sus vividos tintes
                               guiñan.



                                         III
                                    PASTORALES (1905).


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Sobre los claros tonos del ocre
el silencio los esparcidos árboles tejen
sus perennes señales montaraces
rubricados por los serenos verdes.
Obscuros marrones, negros, castaños tallos
las ninfadas damas enmarcan.
Las tonadas del flautín del pequeño Eros
el adagio de esa quietud ennoblecen.




                                                    IV
                            LA JOIE DE VIVIRE (1905-1906).
(La alegría de vivir).


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Sobre el lienzo del asignado tiempo
                                floreció  la holganza
                               evocación de aquella perennidad.
Presencia del hondo pensar de la tierra
la amorosa libertad de los sentires del ahora.
Yacen espléndidas sobre el oro hierba del estar.
Vallejuelo secreto abrigado por el Sol de la risa.
Del escintilar de esa escondido cielo
                               sus frescas heredades contorna
                               dulce corro.
Festejo del fugitivo instante
en el baile del ocio de la brisa
al cónsono paso afable de las flautas.



                                                     V
                LA FENÊTRE OUVERTE À COLLIORE. (1905).
(La ventana abierta en Colliure).


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Vuela la fábula por encima del mar.
A la visión, enredaderas de un cansado verde
                               Tiestos de retozones rojos
                               Internamente enmarcan.
Divide cualquiera ventana la existencia,
desde acá la vida sin riesgo
apenas furtiva curiosidad.
Más allá de los postigos
ese extraño escalofrío cálido.
Los inmóviles bermellones de los mástiles
evocan emociones por la indefinible ventura
                en el mistérico océano del encantamiento.
Los extremos paneles rígidos
                               verdeselva, rúbeo
manifiestan la discreta seducción de la acrobacia.


                                                 VI
                           LES TAPIS ROUGES. (1906).
(TAPICES ROJOS).


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CUÁL LUCEROS FUGACES EN ÓRBITAS DE RITMOS
Giran los iconos
Expuestos al enloquecido desplazamiento
Sobre estratos de un cielo carmesí.
Atrapan los frutos del huerto
Teñidos de verdeselva
La celebración de la presencia.
Júbilo del arte – hijo del sueño – para quebrar
La inmediatez del tiempo.
Grisáceo manto de hipnos relegado
Al Rincón de azoradas rupturas.
Padecer así el embelesamiento.



                                                    VII
        INTERIEUR A LA FILLETTE. LA LECTURE. (1905-1906)
(Interior con muchacha. La lectura).



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Ver a Matisse, es contemplar.
Inmóvil, por las ventanas de un libro
                               Lee ella lo acontecido en fuga.
Albedrío de colores alrededor,
                               La autarquía de las formas.
Azafranado venenoso verdeante esplenden.
Da la libertad vida a la vida.
Atorbellinado éxtasis de un eterno presente
                               En la estancia del iris.



                                                     VIII
                                 MARGUERITE (1906 – 1907)



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¿Qué mira Marguerite desde la atalaya
                de sus negros iris?
Es la realidad contemplación.
Resalta su presencia sugestivo resplandecer
                Sobre el azafranado hastío.
¿Percibe Marguerite desde su estático silencio
El indefinido espacio de la muerte?
¿Qué callan sus apretados labios tintos
                               Intimidados por la atorbellinada gargantilla?
Matriz del tardeanochecer el doliente azul del vestido
                ahoga.
El verde veranoso antes del sequedal otoño
se estampó hierático en el cabello de Marguerite.



                                                      IX
                               LA DESSERTE ROUGE (1908).
(La mesa roja).



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Quebranta la contigua severidad de las horas
                               El soñar, la asunción del albedrío.
Gozasa franquía de la holgura del bermellón
                               refugiado en el aposento
ante el avasallante júbilo exaltatorio
                               del verdeante Abril.
Cavila ella ante los restos del convivio
Oyendo inquieta la retante risa de la primavera
                               La poesía de su luminosidad
en la azulenca atmósfera.
Abre Aprilis la ventana de las estancias de Venus
                … “Rura fecunda voluptas
                Rura Venerem sentiunt”…*
¿La sosegada paz del recinto de la dama pensativa
Se romperá al paso de las vernales tolvaneras,
                               El caos connatural a Afrodita?


____
*”Fecunda el placer los campos, sienten los campos a Venus” …
   PERVIGILIUM VENERIS (s. II d. C.).



                                                           X
                                       LA DANSE. (1909 – 1910)
(Danza).


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Las olas con las fulvas arenas danzan.
Pero si con la verdad del encantamiento miras
retozan las flavas Nereidas con la espuma
difuminadas por la logicidad del envejecido mundo.
Así los almagrados cuerpos de “La Danse” de Matisse
corporizan el acaecer del tiempo
con lo más sagrado de sus somas
                -el almaespíritu reducto de la existencia-
mediante la ronda de elegantes pasos.
Al través del glauco césped evocan
el críptico ritmo de las abismales rocas
                               corazón del astro,
las fascinantes acrobacias de los inmensos círculos
                               de los divinos celestes hacedores
en el azulamatista de la eternidad del ahora.




                                               XI
             NATURE MORTE. CAMAIEU BLEU (1909).
(Naturaleza muerte. Monocromía azul)



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Tomó Matisse sus azules de los ojos de Helena.
El cambiante lapislázuli del Urano de las estaciones
El Zarco de las aguas del Jónico
El cobalto del Egeo
Cuando aburrida de reinar
       Sin los escalofríos del amor
Hizo la filosa travesía por la abertura misma
Separando por la belleza, el Eros, la libertad
              Desde entonces los Hemisferios.
Modelaron por omnisciente vislumbre los rápidas
-albedrío del poético decir-
La venustez corporal de la Tindárida.
Matisse, el azul de sus iris
       En el tiempo estampó.




                                                 XII
               POISSONS ROUGES ET SCULPTURE (1911).
(Peces rojos y escultura)



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Somnífera quiescencia.
Cinéreo azul el silencio adormece.
Señala la presencia del bullir
                el júbilo de encarnadas flores
precoz coro de apetitosas hojuelas lo aúpan.
Dormitan los peces en el cinéreo adagio
                verdemarino.
Guiñan sólo la quietud los áureos.




                                                XIII
                           COUP DE SOLEIL (1917).
(Rayos de Sol).



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Mediante la buena belleza
                Pictórica, musical, poética
Contemplamos las miradas de Zeus.
Ojos del alma-espíritu donde el mundo desde siempre
existe.
Revela la buena belleza las grietas de fuga
                De la translúcida estancia
El antireino caliginoso de las representaciones imperfectas
De los afanosos de ambulantes por las equívocas heredades.
Da la libertad vida a la vida
                oro estático en el ánimo íntimo
                escintilante serenidad, afable éxtasis
                tañidos de la bienadanza.
Presente la buena belleza
                La miseria del caos ante el cosmo
el fulgor de las tolvaneras del Alma lo arrastra
                a la insignificancia.
Revela la buena belleza uno de los rostros de Zeus
                la vida.





                                                  XIV
                                GRETA PROZOR (1916).



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La encantaría mariposa del tardeanochecer
Vistió con ascéticos matices
                                       a la veladora del crepúsculo.
Estanció con el obrizo mezclado a la penumbra
                                               El aposento del sigilo.
Orbita en torno a la morada lánguida ventisca
Alienta la sonancia la ansiosa expectativa.
¿Abrirá el advenir sus puertas a la dama
                                               Veladora del crepúsculo?






                                                   XV
                         LES PLUMES BLANCHES (1919).
(Las Plumas Blancas).



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Quedó sólo la verdad, el ingrávido ser
                de la belleza de la dama
                de las blancas plumas.
Del efímero real, peldaño apenas al perenne
                               Lampo sueño de los eidos
                               En la pintura de Matisse.
Si el ser de la palabra en la metáfora sucede
Acá los colores sobre estepas de nimbros disponen
Las reminiscentes añoranzas intimas.
Iluminan los óleos sobre el sacro horizonte rojo
El imaginario reino de la bella dama.





                                                                          XVI
                                           FEMME ET POISSONS ROUGES (1921).
(Mujer y peces dorados).


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Da ser al lienzo la enigmaticidad de la mirada.
Los verdeazules del pequeño recinto respaldan
                               La lúdica sutileza de la fábula.
La melancólica austeridad de la venerante del silencio
Colma de excelsitud la detención del entonces.
¿Avizora ella la fatalidad del después?
Empero, los colores, los matices, las líneas, las figuras
En el optimismo de la esperanza el intento fijarán.





                                                                         XVII
                                                      LES YEUX BLEUS (1935)
(Ojos Azules).



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Entre la existencia y la inexistencia la realidad escintila.
Ya el azul de sus iris la materia abandonó.
Hereda esa pasión recóndita llamada eternidad.
Consubstancializada el último absoluto el almaespíritu
                               Espejado en la tela de Matisse.
Comparte ahora esa transparente sutileza intangible
Con la celeste esplendidez de un estivo día.
Con el tibio zarco de los océanos.
Vaga glamoroso el almaespiritu de la bella dama
Con su mistérico encantamiento
                                               Por el polícromo lienzo de Matisse.





                                                                           XIII
                                                               UN ROSE (1935).
(Desnudo rosa)



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Calcó Matisse de los ángeles donar alegría.
Térrea mujer dispuesta en azules cuadros
Tal cuando el alma a la beldad desciende.
Abrir prístimo tránsito a la divinidad absoluta
                                               De la cosa
 A la imperfecta realidad la más leve brisa
de las horas disipa.
Nombramos azar al sigiloso mandato de las resonancias
Entusiasmo del espíritu por las esmeraldas reminiscencias.
Trasfigurada explicitud de las voces de la ventura
                                               Por las esenciales pertenencias.





                                          XIX
FEMME DANS UN FAUTEUIL FOND BLEU ET JUNE (1936).
(Mujer en sillón ante fondo azul y amarillo).



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Hecho con grises nubes del ocaso
                               El cuerpo de la serena dama.
Centinela su mirada los lejanos ecos oye
                               El cautivante son de los inasibles.
Habitó Matisse, pródigo, la estancia del color.
En su reino, los verdeselvas, los sombríos cerúleos,
Los puntuales endrinos, los gráciles amatistas,
Los blondos panales, los bermejos litorales, las flavas arenas
Los glaucos marinos, la lozanía de la fronda.
Susurraban a Matisse pictóricos secretos
                Las Divinidades de lo sublime.
A espaldas del anclado erial de las cotidianidad
Devenían a sus sueños el exaltatorio horizonte somático
                               de Diónysos
                               el polícromo hechizante holgorio.





                                                                               XX
                                                      HÉLÈNE AU CABOCHON (1937).



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Proveniente del Empíreo de los eidos
al  través de la desestrellada noche abisal
                               de las incertidumbres
                               caen las señales.
Yace entre las ruinas de las formas imperfectas
el encanto.
Liberarlo del triste cúmulo aventura requiere
                               A la par de osadía.
Hizo el ser de Matisse el cromático encanto.
Con él en sus lienzos despliega
Las gamas de la tierra, de los cielos vesperales
                               el  Occasus Solis.
Entonemos loanzas a HÉLÈNE UA CABOCHON
Al compás del son pictórico.
Palpitan los herbosos verdes, las rayas coralinas
Los jubilosos jaldes, los precisos negros/blancos.
La eidética verdad de la belleza trazan.







                                            XXI                            
                             LA MUSIQUE (1939).
(La Música).


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La Tierra, la más perfecta de las imperfectas formas
                               Legada de los eidos.
Es su almaespiritu el pensamiento.
Pintura/escultura, música, poesía lo develan.
Estampa la sensible faz de la certeza Matisse.
Vistió con la escencia del relámpago ambarina
                               Amatista las expectantes.
Atrás, el verdeselva de las amlangas imponente
                               La venustez de la asonancia aprisonaba.





                                           XXII
           NATURE MORTE AU MAGNOLIA (1941).
(Naturaleza muerta con magnolia).



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Sacro ritual de la mesura en la escena.
La estática esencia del rojo absoluto lo temporal detiene.
Ensamble con la materia de las sombras los marices
-morado eros, obrizo Sol, cárdeno anochecer, verdeselva,
                               blanca pulpa del relámpago-
en un tenso ajedrez de quedas distancias
                               el arduo deseo.
Atar los pies de los días en el enmarcado éxtasis
                               de una gélida belleza.







                                           XXIII
                   JEUNE FEMME EN ROSE (1942).
(Joven mejer en rosa).



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Llenan  tus blancos ojos la Leticia del morar.
Numen de la Áurea Venus tu imagen sacraliza.
Ante el nocturnal fondo del lienzo
ilumina tu armonizada cabellera el esenciante fuego.
Convertidos en vivido corazón tus labios
eje de la visualización de pensar el sentir.
La gallardía de tu eternal presente
                el taciturno rosa esencia.






                                           XXIV
           INTERIEUR AU VASE ÉTRUSQUE (1940).
(Interior con jarrón etrusco).



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El ser de Matisse sus lienzos lo revelan.
Acompañan sus pasos la inconfundible luminosidad mediterránea.
La provocante crudeza de su flora
                               teñida con los verdes iris de Medusa.
Por la ventana el deífico color del oro entra
Esparciendo su veranoso dorado entre las frutas
la terracota del jarrón
la mesa del habitual sentido del reposo.
Acorraló la exuberancia del mediodía francés
los azules, los carmines, los violetas
apenas pequeños pálpitos de la floresta sala.
La embelesada dama de la opalina latitud de lo sacro
                               contempla.



                                         XXV
                        ICARE (JAZZ).   1943.
(Ícaro. Jazz).



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Deslumbra el azul de Matisse a Ícaro en la travesía.
Buscó en la fuga la estructurante Divinidad del Universo
                la Belleza en sí
substanciarse con el imperio deífico de Apolo.
Ensambla en su vértigo lo absoluto del Infinito.
Ese sentimiento terminal de la melancolía
presagioso de la tierra en uno
el rojo círculo de su corazón resigna.
Oirá quedo en el raudo sobrecogimiento
el elegíaco canto de las estrellas
la caída de Ícaro hacia el “moriente die”
                               su conversión en lágrimas del mar.





                                                XXVI
                            DANSEUSE CRÉOLE (1950).
(Bailarina criolla).


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Escenifica la danzarina el poema libre
hecho  de sones, airosos ritmos, acrobacias.
Convertidos los vocablos en lúcidos movimientos detenidos
                               en la perennidad del asombro.
Dotó de majestad los versos su fulgor mirada de estrella.
Escribe con mezclas de vueltas, curvas, espirales, giros,
                               recodos, vértigos
                               la bienandanza del verano salvante.
Detrás de los iridiscentes cuadros de cálidos colores
                               tal vez la noche
regusto del deseo en el paladar del alma.
Estancian con bizarría  las reviviscencias de la danzarina
lo acaecido en la selvacidad de las provincias sin tiempo.
Arman sus gritos las estrofas de la rosa náutica del destino
                               Cuyo norte el placer de pensar señala.





INDICANTE:                                                                                                                            (paginas).
I.     Naturaleza muerta con naranjas II………………………….………..................………          5
II.      Naturaleza muerta con jarro azul………………………….………………………........          6
III.    Pastorales………………………………………………….……………………............          7
IV.     La alegría de vivir…………………… …………………….……………………….....           8
V.        La ventana abierta en Colliure……………………………….…………………….......           9
VI.     Tapices Rojos…………………………………….....………………………………....           10
VII.    Interior con muchacha. La lectura…………....…………………………………….....           11
VIII.  Marguerite ……………………………………………………....................................           12
IX.       La mesa roja………………………………………………………………………......           13
X.          Danza………………………………………………………………………………....           14
XI.        Naturaleza muerte. Monocromía azul…………………………………………...........           15
XII.      Peces rojos y escultura…………………………………………………………….....            16
XIII.    Rayos de Sol……………....……………………………………………………….....           17
XIV.    Greta Prozor……………………………………………………………………….                18
XV.      Las Plumas Blancas………………………………………………………………..                19
XVI.   Mujer y peces dorados………..…………………………………………………..                  20
XVII. Ojos Azules…………………………....…………………………………………..                 21
XVIII. Desnudo rosa…………………………………………….……………………….....              22
XIX.    Mujer en sillón ante fondo azul y amarillo………...……………….……………....               23
XX.      Hélene con broche……………………………………………........…………….                    24
XXI.    La Música……………………………………………………...…………………                   25
XXII.  Naturaleza muerta con magnolia……………………………………...…………                    26
XXIII.   Joven mejer en rosa……………………………………...………………….…....                  27
XXIV.    Interior con jarrón etrusco…………………………….…………………………...               28
XXV.      Ícaro. Jazz……………………………………………..………………………........              29
XXVI Bailarina criolla………………………………………………………………….                    30



 

Henri Matisse - biografía 
(1869/12/31 - 1954/11/03)


Henri-Émile-Benoît Matisse 

Pintor francés líder del fauvismo 



Nació el 31 de diciembre de 1869 en Le Cateau-Cambrésis, norte de Francia, en el seno de una familia de clase media.  Fue el mayor de los hijos de un próspero comerciante de granos. Se crió en Bohain-en-Vermandois, Picardie, Francia.  En 1887 se trasladó a París para estudiar derecho, trabajando como administrador del tribunal en Le Cateau-Cambrésis después de obtener su título.  Comenzó a pintar en 1889, después de que su madre le entregara materiales para el dibujo y la pintura durante un período de convalecencia tras sufrir un ataque de apendicitis. Descubrió entonces su vocación y decidió convertirse en artista decepcionando profundamente a su padre. Su formación es lenta y la alterna con viajes a Londres e Italia. En 1892 abandonó su carrera de abogado y entró en la Escuela de Bellas Artes de París.

Su primer estilo consistía en un convencional naturalismo. Realizó muchas copias de cuadros de los maestros clásicos. Estudió el arte contemporáneo, sobre todo el de los impresionistas, iniciando su propia experimentación. Recibió influencias de Paul GauguinPaul Cézanne y Vincent van Gogh, cuya obra estudió con detenimiento desde 1899 aproximadamente.  Hasta 1904, período conocido como oscuro, realiza bodegones y paisajes de gran solidez estructural y planos de color, como puede apreciarse en Platos y fruta (1901) y Bosque de Boulogne (1902). En 1904 pinta Lujo, calma y voluptuosidad, en el que sigue el neoimpresionismo, pero ya se anuncia el fauvismo, que estallará en el verano de 1905 en Colliure donde pinta cuadros que todavía siguen de cerca los métodos puntillistas, como Mujer con sombrilla, para alcanzar una libertad y espontaneidad absolutas en otras obras, como Vista de Colliure. Hacia 1905 había producido unas imágenes cuya audacia cromática rompía con todo lo anterior. Entre estas obras destaca Raya verde (Madame Matisse; 1905, Museo Estatal de Arte, Copenhague), un retrato con notas expresionistas de su mujer. Ese mismo año Matisse expuso junto a pintores de la misma tendencia como André Derain y Maurice de Vlaminck. Como consecuencia de esta exposición, el grupo es bautizado como les fauves (literalmente 'las bestias salvajes') por su uso estridente del color, distorsión de las formas y su sentido expresionista en la captación de emociones.

Considerado como lider del radicalismo artístico, se ganó la aprobación de la crítica y de los coleccionistas, como la de la escritora estadounidense Gertrude Stein y su familia. Entre los encargos más importantes que recibió se encuentra el del coleccionista ruso que le pidió unos paneles murales ilustrando temas de danza y música: La Música y La Danza (acabados ambos en 1911; hoy en el Ermitage, San Petersburgo).  Desde 1920 hasta su muerte, pasó mucho tiempo en el sur de Francia, sobre todo en Niza, pintando. Se le encargó la decoración de la capilla de Santa María del Rosario en Vence (cerca de Cannes), que terminó entre 1947 y 1951. Durante sus últimos años, se dedicó aldécoupage (técnica de papeles gouacheados y recortados), creando obras de un brillante colorido.

Con la modelo Caroline Joblau, tuvo una hija, Marguerite, nacida en 1894. En 1898 se casó con Amélie Noéllie Parayre, con la que tuvo otros dos hijos, Jean (nacido en 1899) y Pierre (nacido en 1900). Marguerite y Amélie menudo sirvieron como modelos para Matisse.  Henri Matisse falleció en Niza el 3 de noviembre de 1954, de un ataque al corazón a la edad de 84 años. Fue enterrado en el cementerio de la Monastère Notre Dame de Cimiez, cerca de Niza.

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Image result for lubio cardozo biografiaLubio Cardozo

Lubio Cardozo (1938) Poeta, ensayista, investigador y crítico literario. Licenciado 
en Letras en la Universidad Central de Venezuela, con  Postgrado en Investigación Documental en la Escuela de Documentalistas de Madrid.  Desempeño diversos cargos en la Universidad de Los Andes en el estado  venezolano de Mérida, donde reside. Coordinó la revista Actual de la mencionada casa de estudios.   Es reconocida su valiosa labor investigativa en historia, teoría y crítica, con más de treinta títulos publicados. Además es autor de los poemarios Extensión habitual (1966), Apocatástasis (1968), Contra el campo del rey (1968), Salto sobre el área no hollada (1971), Fabla (1974), Paisajes (1975), Poemas de caballería (1983), Solecismos (1986), Poemas (1992), Lugar de la palabra (1993), El país de las nubes (1995), Un verso cada día (1995) y Ver (1999). Toda su poesía ha sido reunida en el volumen La cuarta escogencia (Ediciones Mucuglifo, 2006).  Máximo exponente de la poesía ambientalista  latinoamericana.