jueves, 16 de marzo de 2017

ECOLOGIA HUMANA Y LA ESTOICA MELANCOLÍA DE LA CONTEMPORANEIDAD VENEZOLANA EN POEMAS DE CARMEN TERESA ALCALDE

La historia de un país –de una patria, de un reino- con el tiempo en poesía deviene. Sobran los testimonios después de la Ilíada en sostén de este enunciado. El quebranto existencial –para usar un vocablo nebuloso- de los últimos lustros de Venezuela lo vierte en las odas de su madurez de cisne Carmen Alcalde estampadas en ese libro pleno de musicalidad verbal A la sombra del tiempo (San Cristobal, 2013). 

Delgada mujer cual una mata de petunia, no obstante sobre ese fino cuerpo florido porta el vivo historial de su ciudad, de sus entornos, de su región; poeta con su geografía, parajes, ríos, lo rural, la gente la andinidad nativa, consubstanciada. Cuando alguien lleva a cuestas con cabal conocimiento los aconteceres de su terruño, los griegos para ellos un término poseían: “mártyr”, valga decir testigo de excepción de “la sombra de su tiempo”. La ruta de las comarcas, trajines de su vividura por la piel de este país ella con su corazón descalzo, su muy sagaz almaespíritu, con angustiada solicitud recorre a partir del nacer a la conciencia la empalizada de sus de sus cantos de hoy, lindero de sus reminiscentes añoranzas, altozano para las “ígneas sagittas” lanzar e iluminar así los sentires de los lectores.

“Abrí los ojos con pedazos de
cielo entre los árboles
inhalando el aroma
de rosas y eucalipto.

Respiro con demora
cada instante del tiempo
para absorber a plenitud
la esencia de la vida


en esos pocos ratos
que me presta.”
                                     (p. IV).

Image result for "Carmen teresa Alcalde"Ve Carmen Alcalde el enredijo de su contemporaneidad sobre el promontorio del ahora. Piensa. Deposita las voces de sus cogitaciones en la gaveta, a la vez espejo, del silencio. Ábrela luego de lapsos de maduración para nutrir con esas espejeantes voces las serenas cantigas de sus admoniciones. Mas, discurren a la par por el alma de la admonitora escalofriantes juicios en torno a las causas por las cuales el siglo presente comenzó a andar por encrucijadas de incertidumbre, presagios, miedos, ausencias, veladas amenazas destructivas. Ese escalofrío un nombre tiene: la culpa, la culpa social (no hallo otro adjetivo más cercano para nombrar la “culpa por la pobreza de los otros”). ¿Cuándo aparece la culpa social en Occidente? Entre los griegos nunca la hubo: Solón (640-558 A.C.) creó la democracia asentada en su célebre Constitución, cual una manera objetiva, racional, de evitar se despedazaran los ricos contra los pobres o viceversa, para con dicha Constitución lo más importante salvar: Grecia, sobre la basal raíz de ser ambos bandos genéticamente griegos. Entre los romanos (República o Imperio) tampoco: cuando las desavenencias por la desigualdad de los bienes materiales al punto más ígneo ascendían, desembocaban en la guerra civil, luego de la espantosa mortandad la paz social por largos años reinaba sobre un denominador común, la condición de romanos. Se sabía mucho en la antigüedad clásica de esa complicada dýnamis con las consecuencias desde la perspectiva histórica del antagonismo entre la riqueza excesiva de3 unos, la pobreza extrema de otros.
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Mas, se conocían las respuestas: la sabia, la democracia de Solón; la furiosa, la medición de las hostiles fuerzas en los campos del Dios Marte. Pero la culpa social cual tal sólo con el sincretismo étnico y teológico del cristianismo se manifiesta con su estratificada gama de complejísimos sentimientos: la culpa religiosa, la culpa mística, la culpa moral, el bochorno, la angustia, el terror sobre algo irresoluble … Sintetiza Carmen Alcalde con la fortitud de la lirica, en tres estrofas, el venezolano,

“No escuchamos
los pasos de los hombres esfumándose
mientras la madrugada se dormía.


no sentimos la existencia de la orfandad
ni la miseria
ni buscamos en las tardes
las migajas de amor
disperas en el aire.

¿Gemimos ahora
bajo los rayos de la tempestad?
Con los puños cerrados
clamamos impotentes
tanta realidad absurda
¡tanta muerte!
                                               (p. XXXI).

Image result for "Carmen teresa Alcalde"La culpa social en ningún país, de manera absoluta, se ha solventado. Pervive en mucho espacios del humanismo el rostro más demacrado de esta patología social, la carencia de los bienes materiales mínimos para una susbsistencia decorosa. La solución definitiva el hombre la posee: están sobre la mesa del destino la ciencia, la tecnología, el dinero: para activar estos poderosos recursos requiérese sumar a ellos la filía hacia los desheredados de futuro, el titánico esfuerzo, la bondad, inclusive la oportunidad de sobrevivir la civilización. Un sociologismo creativo, amoroso, eficiente, sin retórica, sin fundamentalismo, sin política. Sobre este particular la política fracasó. He aquí, por ellos, el peligro, la celada, el cambalache de Satanás. Suelen ofertar grupos políticos el negocio de reemplazar la culpa social por la utopía. Traduce este vocablo griego “no lugar” (ou tópos). ¿Cómo se puede ofrecer a permuta “un espacio que no existe”?
Pese, intelectuales, naciones, pueblos en esa referencia sofistiquera han sido aprehendidos.
A los sobrevivientes de esa utopía sería bueno preguntarles ¿cómo les fue? o ¿cómo les va? … La muerte del espíritu, de la libertad, a trueque de un mendrugo LA NADA se llama. Se ubica el país de Utopía en las antípodas de lo humano, al final de lo admirable, más allá del sepulcro de la aventura. En Utopía todos sonríen pero sin risas. Paradójicamente el único espacio frío del infierno la crueldad de la Utopía ocupa… Desconfía Carmen Teresa Alcalde de aquellas señales equívocas conducente a la emboscada de la utopía, elige


sin ambages  creer en la esperanza, con valentía amar ese sentimiento consubstanciado con la historia de Venezuela, la libertad. Subraya con sus versos,

“En la mañana, antes de salir de casa,
lavo los sueños esculpidos en la noche.
¿Qué cantar de gallos
Espabiló los ojos de las estrellas?
¿Alguna noticia destructiva
amenazó la aurora?
Abro la puerta del día.
¡Más allá del horizonte
se encuentra agigantado el paisaje!

Respiro… Vivo…
Aún sopla aire de libertad.”
(p. IX).
 Reside la fortitud de perennidad de este poemario de Carmen Alcalde en la certeza eidética del vesperal fruto de su trajinar por la villa de la vida, de lo visto, sentido, para en este su difícil hoy en serenos ritmos expresarla,

“ Camino
mirando las esquinas
donde cuelgan los recuerdos
para arrancarlos
abstraerlos
absorverlos de culpa
y guardar
inviolable
lo mejor de su escencia.”
                                                                  (p. XI).
Trayendo a colación dos versos del poeta romano Horacio estas hilvanadas elucidaciones cierro: “Dignum laude virum Musa vetat mori:/ caelo Musa beat. “ Horatius, Odae. Lib. IV,8. Por ser la de acá una poeta así pues traduciré: “A la digna de loanzas la Musa le impide morir: /la beatifica en el cielo.”

Recital de poesía de Carmen Teresa Alcalde. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=Qtqj9ZFsajs

Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano.   Lenin Cardozo, editor

domingo, 26 de febrero de 2017

EL SENTIMIENTO ECOLOGISTA DEL PAISAJE EN LA POESÍA DE EMIRO DUQUE SANCHEZ

Image result for Emiro Duque Sánchez Produjo a lo extenso de su fecundo tiempo otorgado Emiro Duque Sánchez (Zea: 1915- San Cristóbal 1995) una abundante obra lírica en torno a los diez libros, entre los cuales – por ir plenos de pasión venezolanista - se recordarán Cauce (1941), Voces al Viento (2009), Piélago (2009), Tierra (1970), Llanura (2009), Coplas desde el tranquer (1986), El caballito del diablo (1977). Ahora bien, sus odas a las altas regiones de Los Andes merideños sólo en dos de sus robustos poemarios se hallan: Cauce, Tierra. Debe quedar claro al lector esta inmediata afirmación categóricas: Ocupa Emiro Duarte Sánchez  el envidiable escaño de gran trovador del paisaje venezolano en la plena extensión del vocablo referido al País. Todo él con sus cantos, con sus tonadas métricas, el territorio yacente de Los Andes hasta las planicies orinoquenses, desde las costas e islas del Mar Caribe hasta los llanos de Apure. Exaltó estrofas lo campestre, lo montañoso, las llanuras, los valles nemorosos, las selvas, los ríos, los médanos, los páramos, los parques nacionales, los morichales, las playas, las serranías, las aldeas, los caminos, los cerros, los piedemontes, la botánica, la zoología, la gente.
Image result for llanos venezolanosIncansable viajero por los disímiles espacios de la Nación, infatigable escritor puso su actividad literaria, la musicalidad de sus rimas, ¡buen sonetista!, apoyado en la destreza el ensamble métrico del verso lirico castellamericano, para así develar a los lectores del País, del mundo, la belleza de la naturaleza física venezolana. Logró en ese propósito diáfana artisticidad por cuanto supo acordar el sentido de las palabras de sus composiciones líricas con la cadencia de su íntimo sentir.
LA CIGARRA
La cigarra
Es una hojita seca
que vuela  y canta.

Grillito de los aires
que no sabe saltar.

Alfiler del verano
y de la soledad.
Con su canto
que perfora la tarde
le recuerda al granjero
que debe almacenar.

Que se acerca el verano
con su anafre de Sol.
Concertista del campo,
alas, trompeta y voz.
(De El cabalito del diablo).Image result for "poemario emiro duque sanchez (De El caballito del diablo).
II
Image result for Zea, en Tovar. meridaPoseyó siempre Emiro Duarte Sánchez dos condiciones innatas para el laboreo intelectual, menesteres éstos volcados en beneficio de su Patria, sin ambages: Uno, la docencia, la venía de familia, abuelo, padre, tíos, dejaron hulla del ejercito educativo regional, en Zea, en Tovar. No pudo ejercer de manera continua este noble oficio, tal lo reclamaba su vocación, por razones de la dinámica política de los gobiernos de entonces; favorablemente otras funciones reclamaron sus servicios para poder mantener con dignidad a su familia. Por el contrario, su otra vocación, la de poeta, la desarrolló con plenitud cual un hermoso destino, favorecido por el perfecto dominio de la métrica lírica castellamericana.
EN EL PUERTO
Desnudé mis pupilas de paisajes andinos
en el puerto, al arrullo de un lejano palmar.
Se vistieron mis ojos de horizontes marinos
y supieron mis venas del aliento del mar.

Una angustia –naufragio de salobres caminos-
se acurrucan en la puerta que parece soñar.
La distancia se viste de matices divinos
y en el alma nos late la inquietud de viajar.

Mar adentro se advierten dos ligeras piraguas
que graciosas se mecen al vaivén de las aguas
más de pronto se pierden tras la pálida bruma.

Y al caer de la tarde que en el mar se desmaya
con temblores de carne se estremece la playa
al sentir de las olas sus caricias de espuma.
(De Cauce)

El paisajismo de ayer hoy en la lucha ecológica se inserta:
Image result for “avant la lettre” Riela en la obra lírica de Emiro Duarte Sánchez, sin lugar a dudas, un prolongado grito en defensa  -“avant la lettre”- de la ecología al través de la exaltación patética de los disímiles  paisajes del País. La voz “ecológica” aún permanecía ausente en el lenguaje intelectual, en el ámbito venezolano, cual termino científico. Por cuanto “paisaje” para Emilio Duarte Sánchez iba más allá del sentido de la hermosa fronda, abarcaba otros significados consubstanciales con la existencia: la tierra en sí, los ríos, las llanuras, los valles, las montañas, la zoología, la botánica, inclusive la atmósfera, el aire, los vientos, la nubosidad, la lluvia. Pero además el concebía el paisaje uncido a la agricultura, desarrollo agropecuario a la limón con el imprescindible celo de mantener en su plenitud el entorno vegetal, lo animal silvestre, a los campos en producción para mantener los frágiles bosques, la pureza de las fuentes de agua, la sanura del ambiente. Significaba ese equilibrio entre los sembradíos y el paisaje un granate de la paz social campesina, un esperanza esenciante del buen futuro. Así Emiro Duarte Sánchez lo vislumbró, y lo expresó en su buen castellanoamericano.
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SURSUM
La montaña está en mi. Yo soy el eco
doliente de sus quenas (*).
Hay nieblas de sus tardes en mis días
y  savia de sus bosques en mis venas.

Mis brazos son dos ramas sensitivas
que riman primaveras,
mis manos son dos hojas bondadosas
que saben darse enteras.

Rumora en la cadencia de mis versos
el agua de sus cauces.
Llora en mis tristezas la plegaria
azul y fervorosa de los sauces.

La montaña está en mi. Late en el alma
de mi arcilla sensible.
Soy árbol que apunta al infinito
su grito de piedad y de imposible.

(De Cauce)
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LA GOLONDRINA
Sobre el viejo tapial el ala breve
fatigada de azul, posas segura.
Ninguna mano contra ti se atreve
viajera de la tarde, mansa y pura.

Cubre tu negra cabecita leve
con grave pañolón de tinta oscura
que te viste las alas, y es de nieve
tu pechera de mística blancura.

Celos tiene de ti la mariposa
mensajera del alba primorosa
que tiñe de azul con luz del día.

Tu vida que es minúscula y graciosa
colina con el cielo y con la rosa
y eres breve como un avemaría.


Image result for EL COCUYO EL COCUYO

Encendido carbón de ignota hullera
lampadario fugaz, lucera alado.
Nocturno monjecito iluminado
que en la sombra su lámpara encendiera.

Vive de la tiniebla enamorado
sin que mengue su amor fatal ceguera
porque en ella enarbola su bandera
de luz como la estrella en el nublado.

Piloto de la noche. Timonero
sin brújula marcando el derrotero
de su frágil bajel solo a la suerte.

Quien fuera como él ágil lucero
para andar sin tropiezos el sendero
de sombras de la vida y de la muerte.
Se concluye con esta afirmación explícita: Creó Emilio Duarte Sánchez, mediante la fuerza rítmica de sus versos, una poética del paisaje venezolano. Nunca constriño exclusivamente sus descripciones del afectivo entorno ambiental a las meras estampas campesinas, extendió él estas exposiciones líricas también hacia el paisaje urbano, al paisaje marino, al celeste paisaje de las nubes, de la lluvia, a los paisajes fluviales, lacustres, de las montañas andinas, de los Llanos, de las gentes, de los animales silvestres y domésticos. En su lírica paisajística, paralelo a los detalles artísticos, va asimismo un señalamiento ético: la necesidad de amparar, de escudar estos panoramas de verdor, de belleza. Hoy, esas conjeturas de Emilio Duarte Sánchez, de salvaguardar la rica hermosura de esos ámbitos abrigantes de la frágil naturaleza virgen, hoy ello ecología se llama, cardinal ciencia consubstanciada con la esperanza de un devenir mejor para la salud del Planeta.

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(*) Quena: Flauta hecha de tallo de carrizo o de hueso e las piernas del venado; usada por los labriegos andinos de Venezuela para comunicarse durante sus faenas agrícolas, en fiestas rituales, en ceremonias fúnebres. Posee dicha flauta un sonido obscuro, melancólico, triste. Lamentablemente en algunas ediciones de este poema los transcriptores por ignorancia (o pereza) substituyen la palabra quena por la termino quema con lo cual matan la excelsitud de esta hermosa oda de Emiro Duarte Sánchez.

Lubio Cardozo, poeta y ensayista ambientalista venezolano / Lenin Cardozo

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