La Tercera Geometría y la soberanía digital del Sur Global
Cómo la transición energética del Norte Global perpetúa un nuevo extractivismo colonial mediante el control de la infraestructura y los datos.
La narrativa hegemónica de la transición energética promueve un optimismo tecnológico ciego. Se articula sobre promesas de descentralización, inteligencia artificial y redes inteligentes de captación fotovoltaica y eólica. Se nos invita constantemente a imaginar un futuro de flujos limpios, gestión optimizada por algoritmos e hiperconectividad ecológica.
Sin embargo, esta estética inmaterial disfraza una profunda trampa política. Presenta como una "neutralidad tecnológica" lo que en realidad constituye un reordenamiento del poder geopolítico global. El error fundamental de estas lecturas radica en asumir que la digitalización desmaterializa la economía.
Al disociar la infraestructura del código, el pensamiento eurocéntrico invisibiliza la base metabólica de la tecnología contemporánea. La tesis de la Tercera Geometría de la Energía surge precisamente para corregir este punto ciego: la horizontalidad fotovoltaica y digital que se despliega en los centros de consumo del Norte depende axiomáticamente de una despiadada verticalidad extractiva en las periferias del Sur Global.
Las geometrías energéticas históricas han moldeado las estructuras del poder humano. Si la era fósil instauró una geometría concentrada y territorializada —marcada por pozos, refinerías y oleoductos—, la era renovable promete la ilusión de un plano cartesiano distribuido y democratizado. Pero esta supuesta horizontalidad es engañosa.
El despliegue masivo de redes inteligentes (smart grids), parques eólicos y sistemas fotovoltaicos requiere toneladas de insumos minerales por megavatio instalado. Estas proporciones son abrumadoramente superiores a las del modelo térmico tradicional.
Las cuencas evaporíticas de los salares altiplánicos para el litio, las minas del África Central para el cobalto y los yacimientos de tierras raras se convierten en las inevitables "zonas de sacrificio" de la descarbonización. Se produce así una colisión geométrica irresoluble bajo las reglas del capitalismo verde.
Mientras el Norte Global experimenta una captación descentralizada y una vivencia inmaterial de la energía, el Sur Global sufre un ahondamiento de la perforación. Esto conlleva la devastation de sus cuencas hídricas y la reprimarización forzada de sus economías.
No estamos únicamente ante un problema de expolio minero tradicional; asistimos a una doble captura sistémica que articula el extractivismo físico con el extractivismo epistémico y algorítmico. Esta dinámica constituye lo que defino como un Colonialismo Circular.
En una primera fase, el Sur exporta su masa geológica y sacrifica sus territorios a precios subordinados para construir los servidores, las baterías y los sensores que operan en el Norte. En una segunda fase, el Norte procesa los datos energéticos generados a través de corporaciones tecnológicas oligopólicas.
Luego, vende al Sur la inteligencia operativa, los algoritmos de optimización y el software propietario necesarios para gestionar la red local. En este esquema de dominación bidireccional, el usuario final en el Sur Global no solo financia con su territorio la transición ecológica del Norte, sino que queda convertido en un siervo digital que paga renta algorítmica por acceder y operar su propia infraestructura energética.
La verdadera soberanía energética del siglo XXI no se logrará simplemente aumentando la capacidad instalada de paneles solares sobre una matriz de datos privatizada y centralizada. Exige desacoplar radicalmente la descarbonización del paradigma de la acumulación algorítmica.
Para romper la trampa de la Tercera Geometría, la alternativa estratégica debe cimentarse en una Autonomía Conectada. Esto implica, por un lado, la gobernanza estrictamen,te democrática de los datos, donde las redes de generación distribuida se gestionen mediante plataformas y códigos de fuente abierta
(open-source). Esto garantiza que el conocimiento sobre los flujos energéticos permanezca como un bien común inalienable.
Por otro lado, exige una corresponsabilidad metabólica y una justicia transnacional efectiva, donde los acuerdos de transición incorporen la reparación ecológica, el consentimiento territorial y un límite estricto al consumo irracional de las potencias industriales. Superar el feudalismo digital y el nuevo extractivismo colonial exige entender que la energía no es una mercancía ni un algoritmo privado, sino la fuerza metabólica de emancipación de los pueblos.
Lubio Lenin Cardozo


No hay comentarios.:
Publicar un comentario