Powered By Blogger

sábado, 11 de abril de 2026

FORO FILOSÓFICO. Luz y excepción: ¿Puede el Solarismo iluminar al homo sacer?

 


Participantes

· Giorgio Agamben (filósofo italiano, autor de Homo sacer y Estado de excepción)

· Lubio Lenin Cardozo (proponente del Solarismo)

Moderador: La filosofía del siglo XXI se ha visto obligada a pensar lo que antes permanecía en los márgenes: la vida que puede ser eliminada sin que ello constituya un homicidio, los espacios donde el derecho se suspende, las figuras humanas reducidas a su mera existencia biológica. Giorgio Agamben ha dedicado décadas a desentrañar estas estructuras: el homo sacer, la vida desnuda, el estado de excepción como norma. Frente a él, Lubio Lenin Cardozo propone el Solarismo: una filosofía de la luz, la transparencia y la comunidad regenerativa que aspira a construir una polis de la vida compartida. 

¿Puede una ética de la luz responder a la lógica de la excepción soberana? 

¿O el Solarismo corre el riesgo de ignorar las zonas grises donde la ley se suspende y la vida queda desprotegida? 

Comienzan el debate.


Ronda 1: La vida desnuda y la luz que no llega

Agamben:

La política occidental se ha construido sobre una división fundamental: la que separa la zoe (la vida meramente biológica) de la bios (la vida políticamente cualificada). El homo sacer es aquel que puede ser muerto sin que su muerte cuente como homicidio, pero tampoco puede ser sacrificado ritualmente. Vive en una tierra de nadie entre el derecho y la violencia. Los campos de concentración, los centros de detención, las fronteras donde se apila a los refugiados son los espacios paradigmáticos de nuestra época. Allí la luz no entra o entra como reflector de vigilancia.

Usted, Cardozo, habla de "comunidad luminosa" y de "transparencia". Pero ¿qué puede decirle su filosofía al hombre o la mujer que espera en la intemperie de una valla fronteriza? ¿Qué luz puede llegar a quien ha sido reducido a homo sacer, a quien ni siquiera tiene derecho a tener derechos? Me temo que su Solarismo, tan atento a la energía y a la ecología, olvida la pregunta fundamental: ¿quién decide quién entra en la comunidad y quién queda afuera? Porque toda comunidad se define por su exterior, por lo que excluye.

Cardozo:

Es verdad no hay comunidad sin frontera. Pero el Solarismo no propone una frontera fija y violenta, sino una frontera luminosa: aquella que se hace visible para que pueda ser cuestionada. El problema del homo sacer no es que existan límites, sino que esos límites sean opacos, arbitrarios, decididos por un soberano que nadie elige. La transparencia que defiendo es precisamente la posibilidad de que la comunidad sepa quién está dentro, quién fuera y por qué. No para perpetuar la exclusión, sino para hacerla políticamente disputable.»

Tu hablas de la vida desnuda. Yo hablo de la vida irradiante: aquella que, incluso en la desnudez, conserva la capacidad de recibir y dar luz. Un refugiado en una frontera no es solo un cuerpo biológico. Es también alguien que sueña con encender una lámpara para sus hijos. El Solarismo no puede resolver de un plumazo la soberanía excluyente, pero puede insistir en que el acceso a la energía —a la luz— es un derecho humano fundamental. Y que sin ese derecho, la bios no puede siquiera empezar a reconstruirse.


Ronda 2: El estado de excepción como norma

Agamben:

Cardozo confía en la transparencia y en la disputa política. Yo he mostrado que el estado de excepción —la suspensión del orden jurídico— se ha convertido en la regla. Vivimos en un permanente "estado de emergencia" donde las garantías se suspenden en nombre de la seguridad, la crisis, la pandemia o el terrorismo. En ese espacio, la transparencia es la primera víctima. Los decretos secretos, las detenciones sin juicio, los centros que no figuran en los mapas. ¿Cómo ilumina su Solarismo una zona de excepción que se ha vuelto invisible por diseño?»

Por ejemplo:

Piense en los llamados "centros de migrantes" en Libia o en las fronteras de Europa. No hay transparencia. No hay comunidad. Solo hay vidas reducidas a su pura facticidad biológica. Allí ni siquiera hay paneles solares que instalar, porque la excepción soberana ha decidido que esas vidas no merecen ni siquiera la energía mínima para sobrevivir. ¿Qué hace el Solarismo ante eso?

Cardozo:

No pretendo que el Solarismo tenga una respuesta mágica para los campos de concentración. Sería una arrogancia imperdonable. Pero sí creo que la filosofía de la luz puede aportar algo: la exigencia de que la excepción no pueda permanecer en la sombra. El primer paso para desmontar un estado de excepción es hacerlo visible. Los satélites que fotografían los centros clandestinos, los testimonios que se filtran, los paneles solares que alguien instala clandestinamente para que haya un mínimo de luz donde el soberano ha decretado la oscuridad. Eso también es Solarismo: la convicción de que la luz es un derecho, y que ese derecho no se negocia.

Tu dices que la excepción se ha vuelto norma. Yo le respondo que la resistencia a la excepción también puede volverse norma. El Solarismo no se resigna a que haya espacios sin luz. No se resigna a que haya vidas que no puedan ser lloradas. Por eso propone comunidades descentralizadas: porque un poder central que declara la excepción es más difícil de controlar que mil pequeños núcleos luminosos que se niegan a apagarse. No es una solución definitiva. Es una táctica. Pero las tácticas, acumuladas, pueden cambiar la estrategia.


Ronda 3: ¿Puede la comunidad luminosa incluir al homo sacer?

Agamben:

Usted habla de resistencia, de tácticas. Me recuerda a los movimientos que, en los márgenes, construyen formas de vida que escapan al poder soberano. Pero mi pregunta es más radical: ¿puede su comunidad luminosa aceptar al homo sacer sin expulsarlo? Porque la estructura de la comunidad occidental siempre ha necesitado un exterior, una vida desnuda que la funde y la amenace al mismo tiempo. Si su Solarismo lograra realmente incluir a todos, sin residuo, sin resto, entonces ya no sería una comunidad política en el sentido occidental. Sería algo nuevo. ¿Está preparado para eso?»

Cardozo:

Tu me preguntas si el Solarismo puede incluir al que ha sido excluido por la soberanía. Y yo le respondo: esa es precisamente su prueba de fuego. El Solarismo no será verdadero mientras haya un solo ser humano en la oscuridad forzada. No mientras haya un solo refugiado que no pueda encender una lámpara. No mientras haya una sola persona encerrada en un centro de detención sin acceso a la luz del día. Por eso el Solarismo no es una ética de la pureza, sino una ética de la responsabilidad incondicional. No decimos "primero los nuestros". Decimos: la luz es para todos o no es para nadie.

¿Cómo se hace eso? No con discursos. Con hechos: instalando paneles solares en los campos de refugiados, aunque el soberano lo prohíba. Formando cooperativas energéticas que incluyan a los sin papeles. Exigiendo que los centros de detención tengan techos transparentes para que la luz del sol entre, aunque las puertas estén cerradas. Son pequeñas victorias. Pero cada victoria es un agujero en la lógica de la excepción. El homo sacer no necesita que le regalemos una filosofía. Necesita luz. Literalmente. El Solarismo se ocupa de esa literalidad. Y de paso, va transformando la metáfora.


Conclusión: La luz como resistencia a la excepción

Moderador: Giorgio Agamben y Lubio Lenin Cardozo han confrontado dos miradas sobre la política contemporánea. Agamben nos ha recordado que la soberanía moderna se define por su capacidad de suspender el derecho y reducir vidas a su pura materialidad biológica. Cardozo ha aceptado la dureza del diagnóstico, pero ha insistido en que la luz —incluso en los espacios de excepción— puede ser una forma de resistencia, una exigencia de visibilidad, una práctica concreta de inclusión.

Agamben concede un punto final:

No me convencerá de que el Solarismo pueda abolir el estado de excepción. Eso requeriría una transformación más profunda de la política occidental. Pero reconozco que su insistencia en la luz literal tiene una fuerza que muchas filosofías críticas han perdido: la fuerza de lo concreto. Instalar un panel en un campo de refugiados no es la revolución. Pero es algo. Y algo es mejor que nada. Sólo le pido que no olvide que el poder soberano también puede instalar reflectores para vigilar mejor. La luz puede ser jaula o puede ser libertad. Depende de quién la controle.

Cardozo:

El homo sacer es aquel cuya muerte no cuenta. El Solarismo dice: toda muerte cuenta, y toda vida merece luz. No pretendemos resolver la paradoja de la soberanía con un golpe de magia. Pretendemos, eso sí, que ningún ser humano sea abandonado en la oscuridad total. Porque la oscuridad es el cómplice del poder arbitrario. La luz, en cambio, es la condición de posibilidad de la mirada, del testimonio, del reclamo. Por eso el Solarismo es, ante todo, una política de la visibilidad contra la excepción invisible. No es poco. Y es, sobre todo, un comienzo.

Moderador: Este diálogo cierra el quinto foro. La serie continúa. La pregunta queda abierta: ¿puede una filosofía de la luz transformar los espacios donde el poder soberano ha decretado la muerte en vida? Cardozo dice que sí, paso a paso. Agamben dice que quizás, pero sin olvidar la estructura profunda que reproduce la exclusión. El debate sigue su curso.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario