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domingo, 2 de abril de 2017

Ecología de los Paramos de Venezuela: PRIMER GESTO CIENTÍFICO EN SU DEFENSA


Publicó en 1970 el botánico Dr. Volkmar Vareschi un enjundioso estudio científico sobre la vegetación de los estratos más altos de la Cordillera de los Andes nativo, lo rotuló acertadamente Flora de los páramos de Venezuela (Mérida, Universidad de los Andes. Ediciones del Rectorado. 429 páginas).

Dedicó el Dr. Vareschi a este exhaustivo trabajo veinte años de su labor profesional, investigación directa sobre la geografía de la sierra andina, respaldada con la revisión corrocrativa en los archivos del Instituto Botánico de Caracas bajo la dirección de tres profesores especialistas en dicha disciplina, los doctores Tobías Lasser, Leandro Aristigueta, Zoaida Luces. Para la expresión grafica de las plantas conto con la asistencia del perspicaz dibujante Sixto García.

Comienza el libro con una exacta definición desde el punto de vista geográfico de cuanto se entiende por páramo: es la zona de la Cordillera de los Andes venezolanos limitada por las dos fajas altitudinales comprendidas, infra: el final de la expansión ascendente de las selvas, supra: el comienzo de las nieves perpetuas, o en términos matemáticos la franja de la Sierra de Los Andes ubicada desde los 3.200 metros sobre el nivel del mar hasta los 4.800 metros.

Image result for Flora de los páramos de Venezuela (Mérida, Universidad de los Andes. Posee este espacio Altitudinal dos rostros ecológicos determinados por las dos grandes estaciones climáticas de la región, de las lluvias de marzo a octubre con una apariencia de fitogeografía deprimida, la griseidad matiza las formas de la vida; la otra temporada, la seca, más corta, de noviembre a febrero, (…) “la región entera resplandece como embriagada de una lectora de flores, el amarillo de los frailejones y de los arbustos de Hypericum, el rojo de la castilleja, el azul blanquizco de las Lupinas, las estrellas plateadas de las rosetas (…) y centenares de plantas de vivos colores cubre el paisaje entero como uno de los tapices florales más bellos del mundo” (Vareschi pp. 9-10). Pertenecen las plantas emblematicas de los paramos al género Espeletia conocido en el lenguaje rural con el nombre frailejones, usado por la publicidad académica en elsímbolo conservacionista de los Andes. “la mejor época para ver las Espeleticas en plena floración es un período aproximadamente de tres semanas que tan pronto pueden caer en noviembre como por octubre” (p. 28).

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Cubre esta exhaustiva investigación botánica ecológica el Dr.Volkmar Vareschiel horizonte descriptivo completo de la flora paramera cuál un primer nivel básico sobre el que luego se puede levantar posteriores estudios ecológicos especializados, el impostergable de la fauna de vertebrados de la zona, las riqueza farmacológica de esas plantas, la pesquisa de su entomología; y una investigación socioecológica muy importante, Cómo preservar a esta faja altitudinal de casi mil metros de ancho en su simple frágil relación con la actividad agraria o turística.
                        
Desarrolló el Dr. Vareschi el contenido de su libro siguiendo dos vías expositivas para ofrecer al lector dicha información botánica de manera ordenada, completa: los biotipos y la taxonomía linnenisna. Se explica la planta al biotipo cuando ésta organizada su estructura corporal como respuesta configurativa al medioambiente para poder subsistir o en otras palabras el entorno ambiental paramero impone una corporalidad (la adecuada forma física) para asegurarle su vida posible. Señala el Dr. Vareschi los más importantes biotipos de la franja paramera: los caulirrosulas (ejemplo, el frailejón), las plantas de cojín, las de espaldera, las de macolla, las de ramillete, las arrosetadas, las geófitas, las terofitas, los arbustos enanos; cada biotipo va acompañado de su exacto dibujo (p. 39). La exposición taxonómica sigue -grosso modo- la escalasistemática de Linneo: hongos, algas, líquenes, briophytas, pteridophytas, gymnospermas, finalmente las angiospermas planta con flores. Especimenes de cada una de estas familias y géneros botánicos milagrosamente representados en esas tan difíciles condiciones climáticas de los páramos.

Gracias al Dr. Pedro Rincón Gutiérrez rector de la Universidad de los Andes se editó la obra del Dr. Volkmar Vareschi, fueron mil ejemplares de rápida divulgación y aceptación en el urbe académico del Hemisferio Occidental.

Cierran este breve escrito en homenaje al botánico, ecólogo Dr. Volkmar Vareschi los inmediatos textos ya no en el lenguaje de la “scientia amabilis” (la botánica) si no en la de la poesía: son odas a los territorios parameros. La primera tonada del libro de Juan Antonio Gonzalo Patricia, Riscos (Mérida, 2003. pp. 3031),  le sigue otra del opúsculo de Ernesto Jerez Valero, Silva al páramo (Mérida, 1997. pp. 17-18), finalmente una de Lubio Cardozo, de su poemario Paisajes (Mérida, 1975. p. 23)



De Juan Antonio Gonzalo Patrizi

Páramo

Image result for Páramo Los brazos neblinosos DLos brazos neblinosos
De tus cuartos Horizontes
Se acodan en las cumbres
Bostezando estrecheces.
Sinfonía de abismos
En la música al lado de tus cóndores.
Monotonía
De tus destiladeros
Que silban fría desnudez de la vida.
Mi potro y yo somos un punto
Mareado de laderas
¡mecido en desamparo!
¡ Páramo triste!
Nunca se mezclará con tus ventiscas
La canción rubia
de las espigadoras.
Ni sentirán tus Campos escarchados
 la emoción mañanera
De oír las coplas de las molineras
Pintar colores a las madrugadas.
¡ Páramo! Tu silencio
Me filtra en gotas ebrias de locura
La espuma de un deseo:
¡ Ser otro sin dejar de ser yo mismo!
¡ Soledad retorcida entre las brumas!
Los paisajes sin nervios y sin savia
Tiene el alma
Inexpresivamente blanca y muda
Como alma de cartujo:
¡ Y no hay mayor tormento
que el de una albura inútil en las almas!
¡Páramo rudo
De los amaneceres embozados!
Mi potro yo somos punto
Que se hace nudo de distancias
¡en la espiral de tus quebradas!

De Ernesto Jerez Valero

Image result for PáramoS DE MERIDAPoema II

El páramo es enjuto
porque la soledad lo ha vuelto magro:
Alegre es de milagro
ya nada le disipa el medioluto.
Espada o cordillera
corazón palpitando en las lagunas
el Sol en las laderas
y este gélido viento qué retumba.
Inmortales caminos
por donde el alma va con sus afanes
no exenta de Huracanes
ni de placidas horas de Concilio.
(…)

De Lubio Cardozo

En las lagunas de la Sierra

Debajo de las Águilas del  frío, elevadas laderas de fumarias.
El viento helado de la alta noche azul
Donde los códigos no existen
En ese Paraje del instante
Eras un pequeño árbol sumido para sentir,
Mujer soma.
Madera de sasafrás.
Azar sólido azar. La aventura sensórea.
Luego
Las Águilas del frío se lanzaron sobre las Lomas
Dispuestas como un abanico de póquer
Entre los ricos los riscos de sandonice.

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Vareschi, Volkmar (1906-1991)


jueves, 16 de marzo de 2017

ECOLOGIA HUMANA Y LA ESTOICA MELANCOLÍA DE LA CONTEMPORANEIDAD VENEZOLANA EN POEMAS DE CARMEN TERESA ALCALDE

La historia de un país –de una patria, de un reino- con el tiempo en poesía deviene. Sobran los testimonios después de la Ilíada en sostén de este enunciado. El quebranto existencial –para usar un vocablo nebuloso- de los últimos lustros de Venezuela lo vierte en las odas de su madurez de cisne Carmen Alcalde estampadas en ese libro pleno de musicalidad verbal A la sombra del tiempo (San Cristobal, 2013). 

Delgada mujer cual una mata de petunia, no obstante sobre ese fino cuerpo florido porta el vivo historial de su ciudad, de sus entornos, de su región; poeta con su geografía, parajes, ríos, lo rural, la gente la andinidad nativa, consubstanciada. Cuando alguien lleva a cuestas con cabal conocimiento los aconteceres de su terruño, los griegos para ellos un término poseían: “mártyr”, valga decir testigo de excepción de “la sombra de su tiempo”. La ruta de las comarcas, trajines de su vividura por la piel de este país ella con su corazón descalzo, su muy sagaz almaespíritu, con angustiada solicitud recorre a partir del nacer a la conciencia la empalizada de sus de sus cantos de hoy, lindero de sus reminiscentes añoranzas, altozano para las “ígneas sagittas” lanzar e iluminar así los sentires de los lectores.

“Abrí los ojos con pedazos de
cielo entre los árboles
inhalando el aroma
de rosas y eucalipto.

Respiro con demora
cada instante del tiempo
para absorber a plenitud
la esencia de la vida


en esos pocos ratos
que me presta.”
                                     (p. IV).

Image result for "Carmen teresa Alcalde"Ve Carmen Alcalde el enredijo de su contemporaneidad sobre el promontorio del ahora. Piensa. Deposita las voces de sus cogitaciones en la gaveta, a la vez espejo, del silencio. Ábrela luego de lapsos de maduración para nutrir con esas espejeantes voces las serenas cantigas de sus admoniciones. Mas, discurren a la par por el alma de la admonitora escalofriantes juicios en torno a las causas por las cuales el siglo presente comenzó a andar por encrucijadas de incertidumbre, presagios, miedos, ausencias, veladas amenazas destructivas. Ese escalofrío un nombre tiene: la culpa, la culpa social (no hallo otro adjetivo más cercano para nombrar la “culpa por la pobreza de los otros”). ¿Cuándo aparece la culpa social en Occidente? Entre los griegos nunca la hubo: Solón (640-558 A.C.) creó la democracia asentada en su célebre Constitución, cual una manera objetiva, racional, de evitar se despedazaran los ricos contra los pobres o viceversa, para con dicha Constitución lo más importante salvar: Grecia, sobre la basal raíz de ser ambos bandos genéticamente griegos. Entre los romanos (República o Imperio) tampoco: cuando las desavenencias por la desigualdad de los bienes materiales al punto más ígneo ascendían, desembocaban en la guerra civil, luego de la espantosa mortandad la paz social por largos años reinaba sobre un denominador común, la condición de romanos. Se sabía mucho en la antigüedad clásica de esa complicada dýnamis con las consecuencias desde la perspectiva histórica del antagonismo entre la riqueza excesiva de3 unos, la pobreza extrema de otros.
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Mas, se conocían las respuestas: la sabia, la democracia de Solón; la furiosa, la medición de las hostiles fuerzas en los campos del Dios Marte. Pero la culpa social cual tal sólo con el sincretismo étnico y teológico del cristianismo se manifiesta con su estratificada gama de complejísimos sentimientos: la culpa religiosa, la culpa mística, la culpa moral, el bochorno, la angustia, el terror sobre algo irresoluble … Sintetiza Carmen Alcalde con la fortitud de la lirica, en tres estrofas, el venezolano,

“No escuchamos
los pasos de los hombres esfumándose
mientras la madrugada se dormía.


no sentimos la existencia de la orfandad
ni la miseria
ni buscamos en las tardes
las migajas de amor
disperas en el aire.

¿Gemimos ahora
bajo los rayos de la tempestad?
Con los puños cerrados
clamamos impotentes
tanta realidad absurda
¡tanta muerte!
                                               (p. XXXI).

Image result for "Carmen teresa Alcalde"La culpa social en ningún país, de manera absoluta, se ha solventado. Pervive en mucho espacios del humanismo el rostro más demacrado de esta patología social, la carencia de los bienes materiales mínimos para una susbsistencia decorosa. La solución definitiva el hombre la posee: están sobre la mesa del destino la ciencia, la tecnología, el dinero: para activar estos poderosos recursos requiérese sumar a ellos la filía hacia los desheredados de futuro, el titánico esfuerzo, la bondad, inclusive la oportunidad de sobrevivir la civilización. Un sociologismo creativo, amoroso, eficiente, sin retórica, sin fundamentalismo, sin política. Sobre este particular la política fracasó. He aquí, por ellos, el peligro, la celada, el cambalache de Satanás. Suelen ofertar grupos políticos el negocio de reemplazar la culpa social por la utopía. Traduce este vocablo griego “no lugar” (ou tópos). ¿Cómo se puede ofrecer a permuta “un espacio que no existe”?
Pese, intelectuales, naciones, pueblos en esa referencia sofistiquera han sido aprehendidos.
A los sobrevivientes de esa utopía sería bueno preguntarles ¿cómo les fue? o ¿cómo les va? … La muerte del espíritu, de la libertad, a trueque de un mendrugo LA NADA se llama. Se ubica el país de Utopía en las antípodas de lo humano, al final de lo admirable, más allá del sepulcro de la aventura. En Utopía todos sonríen pero sin risas. Paradójicamente el único espacio frío del infierno la crueldad de la Utopía ocupa… Desconfía Carmen Teresa Alcalde de aquellas señales equívocas conducente a la emboscada de la utopía, elige


sin ambages  creer en la esperanza, con valentía amar ese sentimiento consubstanciado con la historia de Venezuela, la libertad. Subraya con sus versos,

“En la mañana, antes de salir de casa,
lavo los sueños esculpidos en la noche.
¿Qué cantar de gallos
Espabiló los ojos de las estrellas?
¿Alguna noticia destructiva
amenazó la aurora?
Abro la puerta del día.
¡Más allá del horizonte
se encuentra agigantado el paisaje!

Respiro… Vivo…
Aún sopla aire de libertad.”
(p. IX).
 Reside la fortitud de perennidad de este poemario de Carmen Alcalde en la certeza eidética del vesperal fruto de su trajinar por la villa de la vida, de lo visto, sentido, para en este su difícil hoy en serenos ritmos expresarla,

“ Camino
mirando las esquinas
donde cuelgan los recuerdos
para arrancarlos
abstraerlos
absorverlos de culpa
y guardar
inviolable
lo mejor de su escencia.”
                                                                  (p. XI).
Trayendo a colación dos versos del poeta romano Horacio estas hilvanadas elucidaciones cierro: “Dignum laude virum Musa vetat mori:/ caelo Musa beat. “ Horatius, Odae. Lib. IV,8. Por ser la de acá una poeta así pues traduciré: “A la digna de loanzas la Musa le impide morir: /la beatifica en el cielo.”

Recital de poesía de Carmen Teresa Alcalde. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=Qtqj9ZFsajs

Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano.   Lenin Cardozo, editor