domingo, 20 de marzo de 2016

Tres alcabalas y miradas al cielo

Paso el camión con los cuerpos mutilados por las tres alcabalas, lo custodiaban motorizados y una camioneta oficial, seguramente reducían el paso en cada uno de esos puntos de control, como  buscando la aprobación en los rostros de quienes estaban encargados, pero solo conseguían miradas al cielo.  A lo mejor, los de las miradas perdidas en sus más íntimos pensamientos,   rezaban una plegaria por las nuevas víctimas, de las tantas (centenares) que ya habran visto durante los últimos años.

Ahora, esos con vista al cielo tienen la magna responsabilidad de mirar a 150 concesionarias internacionales que explotaran a cielo abierto 12  mil kilómetros cuadrados del país. Asumo que rezaran muchas plegarias también, por los daños irreparables e irreversibles que estas empresas antiplaneta le harán al único y real patrimonio futuro que tenemos, nuestra naturaleza.   

Las trasnacionales pronto harán gigantes cráteres, donde a 10 kilómetros a la redonda de esos huecos se sentirán los químicos esparcidos por esa actividad minera.  Miles de venezolanos no humanos morirán casi de inmediato y otros cientos de miles al cruzarse en sus salidas nocturnales por esas nuevas zonas de muerte.  


La nación perderá, en un santiamén, bosques, humedales, lagos, ríos, acuíferos y montañas. Cada mina a cielo abierto utiliza en promedio por día de explotación, 6 toneladas de cianuro,  400 kilos de ácido clorhídrico, 400 kilos de soda cáustica, 23 mil kilos de cal, 2 mil kilos de azufre y se dinamitan unas 42 mil toneladas de roca.  Se gastaran además diariamente unos  100 millones de litros de agua.  Estas operaciones también producen una seria alteración de la biósfera debido a que las explosiones elevan a la atmósfera toneladas de polvo generando nubes artificiales toxicas.  

La soberanía la perdemos sin defensa ni defensores, en el mayor de los entreguismos. Dolidos pero sin dolientes.  Esequibo, norte del Delta, sur de Bolívar y del  Amazonas y ahora en el corazón de la Patria.

Padre nuestro, que estás en el cielo





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