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viernes, 1 de mayo de 2026

FORO FILOSÓFICO. La Tierra no se vende, la Tierra se cuida: lideresas y líderes indígenas del Sur global frente al Solarismo

 


Comparativa de narrativas entre Fany Kuiru, Nemonte Nenquimo, Sonia Guajajara, Facundo Jones Huala y el Solarismo

Moderador: 

Hemos debatido con científicos, economistas, futuristas, políticos y CEOs de corporaciones fósiles. Hoy el foro da un giro profundo. Por primera vez, nos sentamos con quienes han defendido la Tierra durante siglos, antes de que existiera la palabra "solarismo". Con quienes saben que la energía no es solo un flujo de electrones, sino una relación sagrada con el territorio, con los ciclos, con la vida.

Representando a más de 500 pueblos indígenas de la Cuenca Amazónica, Fany Kuiru (Colombia/COICA) nos trae la voz de una red que cruza nueve países. 

Nemonte Nenquimo (Ecuador/Waorani) viene de una victoria histórica contra la explotación petrolera en su territorio, demostrando que la ley puede estar del lado de la selva. Sonia Guajajara (Brasil), primera Ministra de los Pueblos Indígenas de Brasil, nos habla desde la política institucional y la lucha en la Amazonía. 

Facundo Jones Huala (Argentina/Mapuche), longko mapuche, nos trae la resistencia desde la Patagonia, donde el extractivismo también amenaza la tierra y la memoria.

Frente a ellos, Lubio Lenin Cardozo defiende el Solarismo: una filosofía de la luz, la transparencia y la comunidad regenerativa. No para imponer, sino para aprender. El debate está servido.


Ronda 1: La defensa del territorio

Fany Kuiru abre con la voz pausada pero firme de quien habla por millones:

«Los pueblos indígenas no somos ambientalistas. No defendemos la selva por moda o por ciencia. La defendemos porque es nuestra casa. Nuestra memoria. Nuestros abuelos están en los ríos. Nuestros niños jugarán bajo esos árboles. La energía que ustedes llaman "solar" nosotros la conocemos como vida: el sol que calienta la chagra, que madura la yuca, que seca la pesca. Pero el problema no es si usamos paneles o no. El problema es que el modelo energético que nos quieren imponer sigue siendo extractivista. Las minas de litio para sus baterías, las grandes plantas solares en territorios sagrados, los cables que cruzan nuestras reservas sin consultarnos. El Solarismo, Cardozo, ¿consulta a los pueblos antes de instalar un panel? ¿O repite la misma lógica de siempre: "la tecnología es neutral, los que se oponen son atrasados"?»

Sonia Guajajara asiente y añade:

«Fany tiene razón. En Brasil, hemos visto cómo los discursos verdes a menudo esconden nuevos desalojos. Las empresas europeas vienen a comprar tierras para "proyectos de carbono neutral". Los gobiernos anuncian "transición energética" mientras abren nuevas minas en territorios indígenas. El Solarismo es una filosofía interesante, pero ¿dónde está su compromiso con el consentimiento libre, previo e informado? ¿Dónde está su defensa del derecho al veto de las comunidades? Porque sin eso, por más paneles que pongan, siguen siendo parte del problema: el de no preguntar a quienes viven en la tierra antes de decidir sobre ella.»

Nemonte Nenquimo interviene con la fuerza de quien ha ganado batallas legales a las petroleras:

«En Waorani, nosotros paramos la explotación petrolera. No con paneles. Con la ley, con la organización, con la voz de la selva. Les demostramos a las empresas que el territorio no se vende. Ahora me dicen que el futuro es solar. Pero veo las mismas empresas, los mismos gobiernos, con otros nombres. Quieren litio en lugar de petróleo. Quieren nuestras tierras para "energía limpia". El Solarismo, Cardozo, ¿va a repetir esa historia? ¿O va a ponerse del lado de las comunidades que dicen "no" cuando un megaproyecto no las respeta?»

Facundo Jones Huala cierra la primera ronda con una mirada desde la Patagonia:

«En el sur también hay sol. Y también hay empresas que quieren nuestro territorio para energía eólica, para represas, para minería. El Estado argentino nos persigue por defender la tierra. Nos llama "terroristas" por oponernos al extractivismo. Usted, Cardozo, habla de comunidades luminosas. En mi comunidad, la luz es la del fogón, la de la conversación, la de la memoria. Si su Solarismo no defiende el derecho a decir "no" a un proyecto que no consulta, que daña, que desplaza, entonces su luz no es más que otra máscara de la misma oscuridad.»

Ronda 2: El Solarismo responde

Cardozo respira hondo. Sabe que no está ante académicos. Está ante guardianes de la tierra. La humildad no es opcional.

«Fany, Sonia, Nemonte, Facundo. Los escucho. Y aprendo. Ustedes tienen razón en algo fundamental: no hay transición justa sin consentimiento de los pueblos. El Solarismo no es una doctrina para imponer paneles donde no se quieren. Es una ética de la luz. Y la ética de la luz incluye la escucha, el respeto por las decisiones comunitarias, el derecho al veto. Una comunidad que dice "no" a un proyecto solar en su territorio tiene derecho. No por atraso, sino por autonomía. Yo no voy a venir a decirles que su fogón es menos luminoso que un panel. Al contrario: hay sabiduría en el fogón que los ingenieros no saben.»

Y desarrolla:

«¿Qué propone el Solarismo en la práctica? Tecnología al servicio de la comunidad, no al revés. Si una comunidad decide que prefiere seguir con su sistema energético tradicional, se respeta. Si decide integrar paneles, que sea con propiedad comunitaria, no con concesiones a empresas externas. Si decide vetar un megaproyecto eólico o solar en su territorio, que tenga las herramientas legales para hacerlo. Eso es lo que ustedes han peleado: el derecho a decidir sobre su propia tierra. El Solarismo no solo lo apoya. Lo necesita. Porque sin autonomía territorial, no hay soberanía energética. Y sin soberanía energética, la transición es solo otro nombre para el colonialismo.»

Toda civilización ha sido moldeada por su fuente de energía. Pero también por sus relaciones con la tierra y con los otros seres. La energía fósil nos enseñó a extraer sin preguntar. La energía solar puede ser diferente si aprendemos a recibir sin imponer. Ustedes han enseñado al mundo que la tierra no es una mercancía. El Solarismo puede aprender de ustedes que la luz tampoco.


Ronda 3: Un pacto entre saberes

Fany Kuiru concede un punto, pero no cede en lo esencial:

«Aprecio que escuche. Pero no basta con escuchar. Hay que actuar. En COICA, hemos visto pasar modas verdes. Cada década llega una nueva "solución" que no consulta a los pueblos. Lo que proponemos es simple y radical: ningún proyecto energético en territorios indígenas sin consentimiento previo, libre e informado. Eso vale para el petróleo. Y vale para los paneles solares. ¿Está dispuesto el Solarismo a hacer de ese principio su bandera?»

Nemonte Nenquimo añade:

«Y no solo el consentimiento. También la reparación. Las empresas que extrajeron petróleo de nuestros territorios dejaron veneno en los ríos. Los gobiernos que promueven megaproyectos dejan deudas ambientales. El Solarismo, ¿tiene una propuesta de restauración ecológica? Porque poner un panel no limpia el río. No devuelve los peces. No cura el cáncer que el petróleo dejó en nuestra gente.»

Sonia Guajajara añade otra capa:

«Y además, la formación y la propiedad. Las comunidades no queremos ser solo beneficiarias de programas solares. Queremos ser dueñas de la tecnología. Queremos formar a nuestros jóvenes como técnicos, como ingenieros, como gestores de su propia energía. El Solarismo, ¿apoya la transferencia tecnológica? ¿O cree que la tecnología debe venir siempre de afuera, con sus propias condiciones?»

Facundo Jones Huala cierra la tercera ronda con una demanda concreta:

«En la Patagonia, las empresas de energía renovable están haciendo lo mismo que las petroleras: llegan, negocian con el gobierno, ignoran a las comunidades. El Solarismo tiene que posicionarse: ¿con las comunidades o con las empresas? No hay término medio. Usted, Cardozo, dice que defiende la luz. La luz mapuche es la del fogón, sí. Pero también puede ser la del panel, si es nuestra. Si la comunidad decide. Si los beneficios son para todos. ¿Está dispuesto a respaldar legalmente ese derecho? ¿O su filosofía se queda en las palabras?»

Conclusión: El Solarismo aprende del territorio

Cardozo cierra con una propuesta concreta y un compromiso:

«Ustedes me han preguntado si el Solarismo está dispuesto a respaldar el consentimiento, la reparación, la formación, la propiedad comunitaria, la defensa legal. La respuesta es sí. No como una concesión. Como un principio fundacional.

No estamos ante un simple cambio tecnológico. Se trata de una transformación en la forma de habitar el mundo. Y esa transformación no puede hacerse sin los pueblos que han habitado la tierra durante siglos. Ustedes saben lo que nosotros estamos aprendiendo: que la energía es sagrada, que la tierra no se vende, que el futuro se decide en asamblea, no en oficinas.

El Solarismo no es un saber que viene a iluminar a los que viven en la oscuridad. Al revés. El Solarismo aprende de ustedes. Aprende que la transparencia no es solo rendir cuentas, sino también compartir decisiones. Aprende que la comunidad no es un concepto abstracto, sino un territorio con memoria. Aprende que la luz, para ser justa, tiene que ser decidida colectivamente.

Estamos entrando en una nueva condición energética. El siglo XXI será solar o no será. Pero el solarismo será indígena o no será nada. Sin su voz, sin su veto, sin su sabiduría, la transición será otra forma de colonialismo. Con ustedes, puede ser la primera civilización que construye su futuro sin repetir los errores del pasado.

El sol no espera. Y nosotros, tampoco. Pero caminaremos juntos. Escuchando. Aprendiendo. Construyendo. Un panel a la vez. Un territorio a la vez. Una asamblea a la vez.»

Moderador: 

Este diálogo cierra el trigésimo quinto foro de la serie. La pregunta queda abierta: ¿puede el Solarismo ser una herramienta de autonomía indígena o será otra forma de extractivismo verde? Fany Kuiru, Nemonte Nenquimo, Sonia Guajajara y Facundo Jones Huala han exigido respeto, consentimiento, reparación, formación, propiedad y defensa legal. Cardozo ha aceptado el desafío. El debate sigue abierto. Pero la luz, la de los paneles y la del fogón, sigue brillando. Y nosotros, con ella.

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