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martes, 5 de abril de 2016

CHORONÍ: un libro para leer la poesía ambientalista de Lubio Cardozo


La poesía salva


Espigó Lubio Cardozo entre sus poemarios aquellas composiciones líricas donde canta la memoria de los sueños de su infancia en Choroní. Eligió solamente entre sus libros de versos las odas donde cree identificar el ser de ese “valle de grandes mijaos” junto  al viejo pueblo de pocas calles pero de hermosas casas. Nació el poeta en Caracas por vicisitudes familiares, más siempre percibió el arraigamiento de su larga ascendencia en el tiempo,  de su raigal linaje en esa verde comarca. Van en esas trovas presencias humanas dignamente recordadas: su madre, doña Crucita Soto, la notable cantante de fulías por las aldeas aledañas a la Villa, Jeremías Pedraz; de una de las fundadoras del caserío  Uraca, señora María García; las lavanderas de ropa a las orillas del río; de igual modo, su padre quien se llamó Alejandro. Acompañan gratas descripciones de entrañables espacios del pequeño territorio, las playas cargadas de largo historial, los menudos puertos olvidados, el cementerio donde la fea muerte descansa al pie de unas lindas laderas tupidas de xerófitas bañadas por el oro solar, arrulladas por el lejano rumor marino; acompañan el recorrido lírico la lluvia, algunos árboles emblemáticos, el verano, la gran falena azul propia de los días estivales, en fin.

Situado en el centro norte del estado Aragua, a dos kilómetros del Mar Caribe venezolano, el gentil pueblo  de Choroní se inserta claramente en el transcurrir de la historia nacional desde sus orígenes registrables. Entre la costa, pues, y las montañas de la Cordillera, en el sector del Parque Nacional Henri Pittier, se aposenta el poblado sobre una lonja de tierra de algo menos de un kilómetro cuadrado, flanqueado  -si miramos hacia el norte- a la izquierda por la quebrada Santa Clara, a la derecha por el río Choroní. Paralelas a estas corrientes de agua se extienden dos planicies, hasta hace poco muy boscosas, frenadas por el litoral. Las cubrían haciendas de cacao y  otros sembradíos menores en simbiosis con una nutrida floresta apropiada a esos cultivos. Lamentablemente ese nicho ecológico de Choroní se desmorona con insólita rapidez, por una semioculta antropodepredación.

Choroní nunca fue una encrucijada de caminos, un pueblo de paso, sino por el contrario una estable villa de largo arraigo en la historia venezolana que se desarrolló en el centro del País. Allí, por ejemplo, se residenció en la plenitud de su existencia, con casa en el poblado y hacienda en los aledaños, el poeta José Antonio Maitín (Puerto Cabello, 1804 – Choroní, 1874), fundador del romanticismo en la poesía lírica venezolana.

Después de muchas andanzas y desventuras José Antonio Maitín al fin encontró en ese valle regado por el río Choroní la necesaria paz para poder escribir sus versos, percibió de igual modo la espontánea poesía singular, intrínseca a ese ambiente, esparcida entre la fronda, en la atmósfera, en la luminosidad celeste, en las bermejas rocas de sus litorales, en las fragantes hierbas a las orillas de la quebrada, en las flavas arenas de Playa Grande. Leyó, pues, con su talento de escritor las serenas cantigas de esas verdes estancias. Presente ello en lo mejor de sus odas. Allí también, en este “valle de grandes mijaos”, en esta alquería rodeada de selvas, nació, transcurrió la infancia y primera juventud de Laura Alvarado Cardozo, hoy Beata María de San José.

Finalmente, busca esta breve presentación, además de acompañar el poemario de Lubio Cardozo, refrescar la mirada y la memoria de los lectores entorno al tesoro histórico, artístico, ecológico, botánico, ecológico, hídrico, humano, en riesgo de una paulatina desaparición la fronda del valle de Choroní, la belleza arquitectónica del casco antiguo de la villa, de la iglesia, de la residencia cural, de sus casas, de su plaza, de su cementerio, de sus archivos locales (jefatura e iglesia); detener en lo posible la contaminación de su río, de su quebrada, y algo insoslayable: proteger la sanidad moral de sus pobladores.

Tal vez lo poemas de Lubio Cardozo, veladamente, apuntan  a ese anhelo. Porque lo afirma categóricamente el rótulo de este escrito, LA POESIA SALVA…



Lenín Cardozo Parra

lunes, 28 de marzo de 2016

Las estrellas del mar, que se queden en el mar

Ante una denuncia de la organización Animanaturalis y algunos medios de comunicación social, ante un aviso publicitario del Ministerio de Turismo en Venezuela que promueve “sacar” estrellas de mar del agua, desarrollamos una campaña de Educación Ambiental para concientizar y adiestrar en a los turistas en el manejo y conservación de  la especie Asteroidea o estrellas de mar.

Así lo refiere Gustavo Carrasquel, Director General de la Fundación Azul Ambientalistas quien manifiesta que “esta campaña se fundamenta en la denuncia, ecología, conservación y manejo de las estrellas de mar, que forman uno de los grupos de animales marinos más conocidos del fondo marino.”

El nombre «estrella de mar» se refiere esencialmente a los miembros de la clase Asteroidea de la familia equinodermos. La clase Asteroidea se compone de cerca de 1.800 especies existentes que se distribuyen en todos los océanos del mundo.


Las Estrellas de mar y otros equinodermos bombean agua directamente en sus cuerpos a través del sistema vascular acuífero. Esto les hace vulnerables a todas las formas de contaminación del agua, ya que tienen poca capacidad para filtrar las toxinas y los contaminantes que contiene. Derrames de petróleo y eventos similares suelen afectar las poblaciones y tienen consecuencias de largo alcance para los ecosistemas.


Otra amenaza que sufren frecuentemente las estrellas de mar es cuando se acercan mucho a la costa, los turistas cometen el error de sacarlas del agua para contemplarlas y tomarles fotos, sin saber que al hacerlo no pueden estas realizar su intercambio de gases para la respiración y en poco tiempo morirán debido a una intoxicación, en otras palabras, se ahogan. Tanto las estrellas de mar como las demás especies de equinodermos es mejor no sacarlas de su hábitat acuático.

Según comenta en su cuenta Twitter, el biologo y profesor de la Universidad del Zulia Miguel Pietrangeli, “Las estrellas de mar al ser tocadas sufren un horrible estrés que muchas veces impide el retorno a su hábitat”

La Médico Veterinaria Libicni Rivero Ortiz desde sus redes sociales activamente ha venido haciendo un llamado a MINTUR, “las estrellas de mar NO se pueden sacar del agua rectifiquen su campaña publicitaria por favor su publicidad lo promueve”.

La esperanza de vida de estrellas de mar varía considerablemente entre las especies, y es por lo general más largo en las especies mayores. Por ejemplo, Leptasterias hexactis, cuyo peso como adulto es 20 g, alcanza la madurez sexual en dos años y tiene una esperanza de vida de unos 10 años, mientras que Pisaster ochraceus, cuyo peso adulto es 80 g, alcanza la madurez en cinco años y puede vivir hasta 34 años.


Viviana Camacho – Prensa Azul Ambientalistas

lunes, 21 de marzo de 2016

Libro: Los Pueblos Boreales


Este libro pretende estimular al lector hispano a conocer el maravilloso mundo de los primogénitos aborígenes de los pueblos boreales.

Poco sabemos sobre los que han habitado desde siglo el extremo norte del planeta: los pueblos autóctonos del Ártico.

Encontramos así, en el Círculo Polar Ártico del lado de América, los pueblos Inuit o Esquimales, los Aleutianos, y lops. Al otro lado del Estrecho de Bering, habitan las regiones de la taiga y de la tundra; así en Eurasia: los yakutos (cuenca del río Lena), los tungus (ubicados al este del río Yeniséi), los chukchi (habitantes del extremo nordeste de Siberia), los Sami o Saami, entre otros.

Los pueblos aborígenes de la tundra se establecieron en los límites septentrionales de las tierras habitables, a pesar de que hoy en día estos límites han sido superados por los exploradores árticos, los navegantes que frecuentan las gélidas aguas próximas a la banquisa polar y el personal de estaciones científicas de las islas árticas. Actualmente, casi todos los pueblos autóctonos de esta zona constituyen una minoría en sus territorios originarios y no superan el 5% del total de la población, que es de origen diverso: canadienses y norteamericanos, en América del Norte, escandinavos en Groenlandia, Islandia y el norte de la península escandinava; eslavos, tártaros y otras nacionalidades de la Federación Rusa, en toda Eurasia.

Las poblaciones consideradas autóctonas de la tundra, presentan una serie de rasgos comunes tanto las de la tundra euroasiática, como las de la groenlandesa o la americana. En este medio, donde los humanos han de vivir en unas condiciones que requieren la adaptación al entorno más allá del límite biológico, la adaptación cultural es la que ha hecho posible la supervivencia. Estas poblaciones aborígenes de las regiones más septentrionales del planeta, parecen tener un origen común, tal y como indican recientes estudios de genética.

Los rasgos morfológicos mongoloides que comparten los diferentes pueblos de la tundra sugieren un origen asiático. En el caso de los pueblos uralianos, a medida que nos desplazamos hacia el oeste las características mongoloides se van atenuando, de manera que los pueblos más orientales (nganasans, samoyedos, ensi) son claramente asiáticos, mientras que los más occidentales (Saami, komis) se asemejan más a los europeos. De todo esto, deriva la gran diversidad actual de los pueblos de la tundra su euroasiática.

Por otra parte, en el extremo septentrional del continente americano distinguimos tres pueblos: los inuits (que ocupan también las costes occidentales de Groenlandia y la península de los chukchis), los aleutianos (en Alaska, las Islas Aleutianas y Komandorski), y las tribus indias norteamericanas. Estos pueblos aborígenes de la tundra tienen como principal actividad la caza de caribú, la ganadería de reno y la pesca, llevando algunos una vida seminómada.

Este libro se propone un acercamiento aproximativo sobre el hábitat, la cultura y costumbres de los pueblos aborígenes del extremo norte. Negados a extinguirse y con la mayor tenacidad por la supervivencia, habitan en las regiones boreales o taiga y de la tundra, uno de los poblamientos más antiguos de la humanidad. El amplio abanico de pueblos nativos que residen en esos gélidos territorios del planeta, nos confirman su gran capacidad de adaptación a estos biomas. Encontramos así: 1.- Los pueblos aborígenes del extremo norte; 2.- Los Aleutianos; 3.- Los Inuit o Esquimales; 4.- Los Dolganos; 5.- Los Nenets; 6.- Los Nganasans; 7.- Los Koryaks; y, 8.- Los Chukchis.

Con mucho orgullo publicamos digitalmente, seguro estamos que seremos parte de los libros del futuro, no más árboles sacrificados para hacer la pulpa para el papel, no más derivados contaminantes para hacer las tintas con que se escriben los libros.
Los Autores.

domingo, 20 de marzo de 2016

Tres alcabalas y miradas al cielo

Paso el camión con los cuerpos mutilados por las tres alcabalas, lo custodiaban motorizados y una camioneta oficial, seguramente reducían el paso en cada uno de esos puntos de control, como  buscando la aprobación en los rostros de quienes estaban encargados, pero solo conseguían miradas al cielo.  A lo mejor, los de las miradas perdidas en sus más íntimos pensamientos,   rezaban una plegaria por las nuevas víctimas, de las tantas (centenares) que ya habran visto durante los últimos años.

Ahora, esos con vista al cielo tienen la magna responsabilidad de mirar a 150 concesionarias internacionales que explotaran a cielo abierto 12  mil kilómetros cuadrados del país. Asumo que rezaran muchas plegarias también, por los daños irreparables e irreversibles que estas empresas antiplaneta le harán al único y real patrimonio futuro que tenemos, nuestra naturaleza.   

Las trasnacionales pronto harán gigantes cráteres, donde a 10 kilómetros a la redonda de esos huecos se sentirán los químicos esparcidos por esa actividad minera.  Miles de venezolanos no humanos morirán casi de inmediato y otros cientos de miles al cruzarse en sus salidas nocturnales por esas nuevas zonas de muerte.  


La nación perderá, en un santiamén, bosques, humedales, lagos, ríos, acuíferos y montañas. Cada mina a cielo abierto utiliza en promedio por día de explotación, 6 toneladas de cianuro,  400 kilos de ácido clorhídrico, 400 kilos de soda cáustica, 23 mil kilos de cal, 2 mil kilos de azufre y se dinamitan unas 42 mil toneladas de roca.  Se gastaran además diariamente unos  100 millones de litros de agua.  Estas operaciones también producen una seria alteración de la biósfera debido a que las explosiones elevan a la atmósfera toneladas de polvo generando nubes artificiales toxicas.  

La soberanía la perdemos sin defensa ni defensores, en el mayor de los entreguismos. Dolidos pero sin dolientes.  Esequibo, norte del Delta, sur de Bolívar y del  Amazonas y ahora en el corazón de la Patria.

Padre nuestro, que estás en el cielo …





sábado, 19 de marzo de 2016

Questions for the President on Open-Pit Mining

Open-pit mining is condemned by environmentalists internationally for its ecological and human cost, as well as its heavy use ofMr. President, we understand that the urgencies of government don’t allow you to inquire too much into complex issues, and due to that, you probably receive and take on board every alleged “good idea” that your advisors or collaborators hand over to you. But you must also know that that lack of knowledge doesn’t absolve you from responsibility once you have taken the decision to carry out or decree an action. Here we are referring specifically to the concessions granted to transnationals to develop open-pit mining across 12% of Venezuelan territory, bringing as a consequence irreversible damage to 30% of our forests, chemical pollution in the Orinoco river and in other water sources that happen to be inside the exploitation area. This is the reason why we are intrigued to know: what makes you think that the authorisation to carry out open-pit mining, the most damaging thing that mankind has done to the earth since nuclear testing, and which doesn’t look set to last much longer in the rest of the world, would be good for the present, and above all the future, of Venezuela? 
Why take the easy route of handing over the exploitation of our natural resources to international franchises, for them to tell us how much they extracted and how much money we’re expected to pay for this amputation of our homeland?  
Does the creativity born from the economic crisis only extend to our proposing that we substitute the oil rentier model, which has maintained us in a narcotic state throughout the past 100 years and which has prevented us from advancing towards economic independence, for a rentier model of greed (extractive mining) that leaves the destruction of eco-systems and the loss of sovereignty in its wake? 
Is it not possible to work with that same wildlife that we are condemning to death in order to develop natural and outdoor tourism which generates USD$263 billion annually? Or through bird-watching? Which generates USD$80 billion? Countries with less scenic resources than ourselves, such as Spain and France, are today raking in USD$50 billion. Does Colombia have more natural wealth than Venezuela? It is projected to generate 300,000 new jobs and earn USD$6 billion annually from 2018? Eco-tourism is the second-greatest generator of foreign currency earnings in our brother country Ecuador. We don’t even generate 0.1% of national income in that area. In Costa Rica, it is the principal motor of the economy. 
Were the specialists in the Environment Ministry or the eco-socialists of the 21st century in government consulted as real state advisors in this rushed mining “rescue” plan?
We don’t understand, if President Chavez himself revoked the concession to Gold Reserve for the imminent damage that it represented– the very same business which is generating an enormous and fatal ecocide in the Venezuela Essequibo– how we are going to once again grant it this concession, but now with even more territory and tax and royalty concessions?  
Are Chavez’s ideas just good for some things and not for others for the government? Where are the diligent actions of the Venezuelan Foreign Office in the face of the ecological affront that this Canadian business is carrying out in the Essequibo through open-pit mining? Or the concessions to the Chinese that are destroying our woods? Or the Russian franchises that are taking ownership over other minerals? Or are we only interested in the Essequibo for the areas where there is oil? 
How can this be understood when the homeland (plan for the nation) has a fifth historical objective, where its first strategic and general goal sets out orientating a new model of national development based on biodiversity and the comparative advantages of being the tenth country in the world and the sixth in Latin America for biological diversity: a synthesis of all the the ecosystems present in the Latin American region? When its final strategic objective is for developing and implementing a policy to organise the territory, attending to ecological, geographic, human, social, cultural, economic and political realities in accordance with sustainable development? Now we are going to throw a bucket full of misery over that green declaration and all for the fact that we will get some supposed foreign currency earnings from the ecocide that the anti-planetary franchises will doubtlessly carry out? Was that historic objective eliminated and we just didn’t realise?