La contemplación de los pájaros
que revoloteaban por el pueblo fue una de sus aficiones más tempranas, según
cuentan quienes la conocieron, ella podía distinguirlas por sus cantos y sus
diarias caminatas eran acompañadas por muchas de estas aves, al igual que
ardillas, mariposas y pequeñas lagartijas que se mostraban al sentir su
paso.
La monja del bosque encantado,
esa selva llena de misteriosos ecos y verdes aromas, encontraba sus momentos de
meditación con el sonar de las cascadas que se producían en el Rio Choroní.
Ella se sentada en las grandes y ovaladas piedras encalladas dentro de
sus aguas,allí a ratos mojaba sus
pequeños pies en esas corrientes cristalinas que venían de los más alto de las
montañas.
Hay una leyenda que la vinculan a
sus años de mocedad, que estando en una de las orillas del rio se le acerco
inadvertidamente un cachorra de tigre que era observada a pocos metros por una
enorme tigra. La cachorra la acaricio y con las mismas regresó con su madre y ambas
luego de beber agua se fueron del rio.
La amada naturaleza con su flora
y fauna le hizo siempre muestras de su agradecimiento y presagió desde sus
inicios que ellaera un ser de bien.
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